jueves, 7 de enero de 2016

MENDIGOS


MICRO-EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA
ENERO 2016

La mendicidad es la manifestación más rotunda del fracaso de las sociedades basadas en la injusticia. Los mendigos son obligados a pedir para sobrevivir, quitándoles hasta su dignidad. Molestan a la vista y les hacemos invisibles: no les miramos y así creemos que no existen. Pero están ahí, a la intemperie, en una esquina, o en las puertas de un supermercado o de una iglesia... en el centro de la ciudad, o en la periferia. Son los desheredados de la Tierra: no tienen pasado, no tienen futuro.
Me cuesta mucho fotografiarles. procuro no acercarme, para no molestarles, ni atentar contra su dignidad. Y cada vez que veo un mendigo pienso en la caridad, la mayor infamia contra los mendigos. Para acabar con la mendicidad es necesaria una justicia social, que elimine la caridad.


EL MENDIGO QUE LLEGÓ DEL ESTE DE EUROPA
Me abordó en la calle Martínez Campos (Madrid). Estaba en la puerta de un comedor social. Me pidió que le hiciera una foto: no entendí que quisiera que le hiciera una fotografía. Su acento indicaba que era del Este de Europa y desprendía un tremendo olor a vinazo. ¿Para qué quería una fotografía? Le hice un par de fotos e inmediatamente me dijo que le diera algo. El mendigo no quería que le hiciera una foto: quería dinero. Era su forma sutil de ejercer la mendicidad.



EN SU MUNDO
Ausente de todo, apostado en una esquina, no espera nada, salvo unas monedas para un bocadillo, o para cualquier otra cosa. No habla con nadie: sólo sonríe cuando alguien le pone en un vaso unos céntimos. Sus huesos deben estar tan castigados que ni el frío le cambia la expresión. Es otro de los cientos, quizá miles de mendigos que sobreviven en Madrid.


UN VASO DE STARBUCKS
Para que nadie pueda tocarles, utilizan vasos o pequeños cuencos. En este caso, la vieja mendiga, cargada de suciedad, utilizaba un vaso de Starbuck para que depositaran las monedas.



EN LA PUERTA DE UNA IGLESIA
Se pasa toda la mañana sentada sobre unos cartones, junto a la puerta de una iglesia. Pide por caridad, aunque posiblemente parte de lo recibido tenga que entregarlo a los jefes de esas mafias que las explotan con toda la brutalidad posible.


LOS ESTRAGOS DEL TIEMPO
Envuelta en sus harapos ve pasar los días, uno a uno. No habla: sólo mira a la gente que pasa a su lado ignorándola. Es vieja, posiblemente alguna mañana no se despierte. Será el fin a su pesadilla.




SIN PIEDAD
Están condenados a pedir. Para ellos no hay misericordia, no hay piedad. Y parte de lo que reciben deben entregarlo a las mafias. Porque hasta la mendicidad la han convertido en negocio.



VIEJO Y MENDIGO
Ser viejo y ser mendigo es una doble desgracia, en una sociedad deshumanizada que les ignora. Y de poco sirve estar medio aplastado en la acera. Recibirán o no una limosna en función de la sensibilidad de las personas que se atrevan a mirarle.



INVISIBLE
Está en la Puerta del Sol (Madrid, España), aunque podría estar en cualquier otra calle, de cualquier ciudad. Es invisible. Se pasa a su lado, sin verle. No nos importa, e incluso nos molesta o puede molestar. Nos recuerda, viejo y derrotado, que vivimos en una sociedad injusta y deshumanizada.

Pablo Torres
Madrid, enero 2016.
 
 NOTA.- Los derechos de copia son de Pablo Torres Fernández. No se permite la utilización de las imágenes con fines comerciales.

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