lunes, 20 de febrero de 2017

EL ATAQUE GENOCIDA DE LA AVIACION ITALI-GERMANA CONTRA CIVILES QUE HUÍAN DE MÁLAGA [FEBRERO DE 1937]



Considerado como el pionero de la medicina humanitaria, el canadiense Norman Bethune puso en marcha las trasfusiones de sangre móviles: salvó la vida de miles de personas en la Guerra de España. Se desplazó en febrero de 1937 con sus ambulancias hasta la carretera de Málaga a Almería, por la costa, donde miles de civiles fueron bombardeados y ametrallados por italianos y alemanes en un episodio de genocidio poco conocido en España.




Norman Bethune (Ontario, Canadá 1890 – Habei, China, 1939) era un gran cirujano en Canadá, cercano al Partido Comunista. Cuando los sediciosos de Mola, Franco y resto de golpistas provocaron el enfrentamiento civil en España sintió la necesidad de venir a España y ayudar como médico. Llegó a Madrid como voluntario el 3 de noviembre de 1936 con una camioneta Ford comprada en Londres, conocida como “La rubia”, y material médico comprado en París. El viaje estuvo sufragado por el Comité Canadiense de Ayuda a la Democracia Española.
       Bethune participó en la primera Guerra Mundial como sanitario, convirtiéndose en un excelente cirujano torácico que incluso diseñó un innovador instrumental quirúrgico para el tratamiento de la tuberculosis. Conmovido por la pobreza que se vivió en Canadá en los Años 30, ejerció la medicina social atendiendo a los más desfavorecidos.
          El avance del fascismo en Europa le hizo abandonar su buena posición social y económica y trasladarse a España en 1936 para poner sus conocimientos médicos al servicio de la República en la Guerra de España contra los “nacionales”.
Dejando claro que no había venido a España a derramar sangra, sino a darla, Bethune realizó más de 700 transfusiones en los 8 meses que permaneció en nuestro país. En Madrid, donde creó el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre, instaló el primer banco de sangre en una casa de la calle Príncipe de Vergara con 15 habitaciones, organizando donaciones voluntarias de sangre solicitando la colaboración de radios y prensa. La solidaridad era recompensada con vino.
El cirujano advirtió que las bolsas de sangre enviadas a los heridos en los hospitales llegaban tarde. Decidió cambiar su método de trabajo por otro bastante novedoso: llegaría a los frentes de guerra con dispositivos para hacer transfusiones en los escenarios de guerra, en los frentes de las batallas. Sus planteamientos médicos sorprendieron a los servicios médicos de la República. El doctor Bethune financió y organizó el trabajo, uniéndose a los servicios médicos de las Brigadas Internacionales, llegando a Guadalajara, Valencia, Barcelona y, especialmente en Málaga.
Tras la toma de Málaga por las fuerzas sediciosas rebeldes, se produjo una pavorosa huida de malagueños hasta Almería. Es uno de los episodios clave de la estancia de Bethune en España. El doctor se referirá al hecho como “El crimen de la carretera Málaga-Almería”. El ejército italiano, con apoyo de los franquistas tomaron la ciudad en horas: después bombardearon intensamente por tierra y mar a la gran columna de civiles que escapaban por la única carretera que comunicaba Málaga con Almería, de unos 200 kilómetros. Bethune se encontraba en Barcelona cuando recibió la noticia del avance de los militares sublevados en Málaga. En febrero de 1937 se trasladó con sus colaboradores por la costa hasta Málaga, pero no pudo llegar a la ciudad: se encontró con una enorme columna de más de cien mil personas, ancianos, mujeres y niños, que huían desesperados de la ciudad, en lo que era un ataque salvaje contra población civil indefensa. Durante tres días, Bethune trasladó en su ambulancia a todos los que podía, en viajes de ida y vuelta a Almería, facilitando así que pudieran escapar  del terror provocado por los rebeldes.
 
La terrible experiencia que vivió y sufrió está recogida en sus escritos: “Se detuvo el camión, salí y me quedé en medio de la carretera. ¿De dónde venían? ¿A dónde iban? ¿Qué estaba ocurriendo? Me miraban tímidamente. No tenían fuerza para seguir, pero temían detenerse. Decían que los fascistas iban detrás de ellos. Sí, Málaga había caído. Las armas habían tronado. Las casas fueron arrasadas. La ciudad había sido golpeada duramente y toda persona capaz de andar se había echado al camino”. Su compañero Hazen Sise se ocupó de fotografiar el dramático éxodo, uno de los episodios más terribles y brutales perpetrado por los franquistas en la Guerra de España.

Los textos de Bethune son desgarradores: “Detrás del autobús una niña con el dedo en la boca gemía agachada al borde de la carretera. Vi a un miliciano tender la mano y coger la niña a la espalda. Al lado, un campesino llevaba a hombros a una mujer como si fuera un saco de patatas”. Junto a la fotografía, el testimonio de Ana Pérez Rey, 9 años en 1937: “Al llegar al Faro de Torrox empezaron los bombardeos de los barcos… hirieron a mi tía y a su madre, que le atravesaron el pecho, pero no murió; mi tía todavía tiene metralla. Todos gritaban y trataban de encontrarse, pero dieron una voz de que los heridos se fueran a un coche y, como mi tía y su madre estaban heridas, las metieron en el coche. Y yo me quedé sola y me perdí”.
Junto a otra de las fotografías de la muestra, un marco con dos textos. En el primero Norman Bethune escribe: “Imaginemos lo que serían cuatro días de andar escondiéndose en las montañas, perseguido por los aviones de los bárbaros fascistas, y cuatro noches de caminar en grupo compacto hombres, mujeres, niños, mulas, burros y cabras, tratando de mantenerse juntas las familias, llamándose por el nombre propio, buscándose en las sombras”. En el segundo, Cristóbal Criado Moreno, de 16 años en 1937, dice: “Las aviación nos bombardeó por la Cuesta de los Caracolillos. Había unos acantilados muy pronunciados y la gente o se iba para el monte o para la orilla. Mi familia se dispersó: yo estaba al lado del malecón. Oíamos silbar las bombas muy cerca. Cuando dejaron de bombardear vi muertos por todas partes. Tratamos de reunirnos la familia, pero allí se perdió una hermana mía, la más pequeñita, que tenía ocho años; el resto nos fuimos reuniendo al rato de ir adelante, sin mi hermana. Pasada una hora iba con otra familia cogida de un carrito pequeño, y la vi yo… (en este momento el relator rompe a llorar)”.

En otro de los escritor de Bethune se puede leer: “Entonces, unos cuantos aviones pasaron sobre nuestras cabezas. Brillantes aviones plateados: bombarderos italianos y Heinkels alemanes. Se lanzaron hacia la carretera y, como en una maniobra de tiro rutinaria, sus ametralladoras trazaban complicados dibujos geométricos entre los refufiados que huían”. El testimonio de José Ginés, que tenía 20 años en 1937, es el siguiente: “En ese momento aparecieron cinco aviones fascistas, que empezaron a bombardear el camino: pasaba uno y soltaba las bombas; pasaba otro, y lo mismo; así una y otra vez. Cuando terminaron las bombas, disparaban con ametralladoras. Se marcharon. Cuando volví al camino me encontré con el espectáculo más horrible que he visto en mi vida: niños, mujeres, borricos por el suelo; unos muertos, otros heridos; quejidos: “¡Socorro!”, “¡Ampárame!”.
Medio año después Bethune regresó a Canadá, desde donde se trasladó hasta China para ayudar a los heridos en la segunda guerra chino-japonesa. Antes de partir hacia oriente, financió el documental El corazón de España” e hizo una gira por diferentes ciudades canadienses para recaudar fondos destinados al Gobierno de la República, avisando sobre los peligros del auge del fascismo. También captó voluntarios para la “causa española”. El batallón canadiense internacional, el Mackenzie – Papineau, fue el segundo más numeroso, después del francés.

Pablo Torres [Madrid, 20 de febrero 2017]

Exposición “La huella solidaria. El legado del doctor Bethune y la ayuda de los voluntarios canadienses a la segunda República”. Centro Cultural Conde Duque (Madrid). Hasta el 2 de abril del 2017.

martes, 7 de febrero de 2017

CRÓNICA DESGARRADA DE UN EXILIO



    En 1996 vio la luz "Antes que sea tarde", un libro de memorias de Carmen Parga: narraba su vida durante la segunda República de España, su trabajo político en la Federación Universitaria Escolar (FUE) y en el Bloque Estudiantil de Oposición Revolucionaria, rama de las Juventudes Comunistas... más su matrimonio con Manuel Tagüeña, la desesperación por la guerra y un largo, desgarrador exilio por Rusia y Europa oriental, hasta que finalmente llegó a México.
    El libro se volvió a publicar en el año 2007 en México, por Editorial Porrúa. Y mantiene su frescura y sinceridad, en lo que podría definirse como un "abrir los ojos" ante una realidad durísima en la que nunca existieron los paraísos para los pobres, los que luchaban y dejaban sus vidas por la libertad y la democracia. Fue un romper vínculos con una ideología subvertida, deformada en un  mundo polarizado por los totalitarismos: fascismo y nazismo frente al comunismo oficial, en manos de burócratas que se embarcaron en el stalinismo.
    Carmen Parga y su marido, Manuel Tagüeña, alto mando militar del Ejército de la República de España, iniciaron su exilio cruzando los Pirineos. Luego, en un laberíntico periplo, llegaron a Moscú. No fue un camino de rosas: las dificultades se sumaban a las carencias, mientras el ejército alemán amenazaba con romper el tratado con Stalin y lanzarse sobre Rusia. Y por supuesto, en el reparto de casas, había "clases": "Lister y Modesto tuvieron buen cuidado de rodearse de incondicionales...". El matrimonio Tagüeña-Parga funcionaba con normalidad, siguiendo con atención los acontecimiento que se registraban en Europa y en España. Y mantenían correspondencia con familiares en México.
    En Moscú nació la primera hija del matrimonio y cuando la niña tenía seis meses, les llegó la noticia: el ejército alemán cruzaba la frontera con Rusia. El Ejército rojo entraba en guerra. Y llegaron las evacuaciones de civiles. Carmen tuvo que salir en tren en dirección a la región de Pensa, en el corazón de Rusia. Y fue otro recorrido lleno de penurias y necesidades. Los problemas para los evacuados en Pensa se iniciaron con la llegada del frío. Pese a todo lo que tuvo que pasar, Carmen Parga escribe: "Del espíritu de resistencia da fe toda la historia del pueblom ruso. Creo que no hay otro como él capaz de soportar calamidades, desgracias y contratiempos y prescindir de todo, hasta de lo aparentemente indispensable, sin perder la dignidad".
    Volvieron a trasladarles hasta Tashkent, la capital de Uzbekistán, en Asia. El viaje duró un mes: pasaron hambre y frío. Carmen Parga quedó impresionada con el Mar de Aral, con sus montañas de sal. La estancia en Tashkent también estuvo llena de dificultades por la falta de todo tipo de productos. Pero supieron sobrevivir.
VUELTA A MOSCÚ.-Derrotado el nazismo, se inició en la URSS la pesadilla staliniana. El aliento de la bestia llegaba a todo, al margen de culpabilidades o inocencias. Muchos compañeros y camaradas mostraron su lado más oscuro, transmutándose en abominables delatores en la creencia de que así se salvarían de las purgas política: "Cuando Enrique Castro fue expulsado del Comité Central por "trabajo fraccional" y "desviacionismo", sus "amigos" se apresuraron a hacer autocrítica ante Dolores (Ibarruri), para recuperar posiciones dentro del Partido. Yo no me di por aludida, así que cuando la dirección del Partido se dieron cuenta de mi ausencia en la ceremonia de la sumisión, me organizaron la clásica encerrona" [...] "Todavía no habían acabado mis problemas. Líster y Modesto fueron a quejarse a Dolores (Ibarruri) de mi supuesta indisciplina, que al parecer era un mal ejemplo para el colectivo de "militares".
YUGOSLAVIA.- Y desde Moscú, en la URSS a Belgrado, en la Yugoslavia de Tito. El peregrinaje no veía final: "Tito -escribe Carmen Parga- era un hombre guapo y apuesto, tal como me lo figuraba, sobre todo comparándolo con el "gran jefe". También la gente daba la impresión de celebrar sinceramente y sentise orgullosos de sus luchas y de sus victorias frente al fascismo..." [...] Mi marido estaba destinado como consejero del ejército en Nis, una pequeña ciudad cerca de la frontera con grecia y Macedonia. atravesada por un río. [...] Al relacionarnos con la sociedad serbia empezamos a valorar en toda su magnitud la proeza del movimiento guerrillero organizado y dirigido por Tito[...] En el mundo de la postguerra, la política de Stalin empezaba a dibujarse claramente: reforzar las fronteras de sus dominios al máximo, lo que luego se llamó el telón de acero, y organizar para el resto del mundo los movimientos guerrilleros, actuando como "quintas columnas" en los lugares del mundo más desprotegidos o más sensibles por sus problemas sociales, a la acción gurrillera".
 La familia Tagüeña-Parga,en el centro, con unos amigos en Yugoslavia
 
CHESCOSLOVAQUIA.- El periplo continuó con su traslado a Checoslovaquia. Los guardianes de la ortodoxia comunista no sabían que hacer con la famila Tagüeña-Parga. Estaba clasificados como "vacilantes". 
    Carmen Parga, cuando viajaban a Checoslovaquia, recordó que "Los "heterodoxos" llevábamos la tranquilidad del justo: que es la tranquilidad de conciencia" [...] Llegamos a Praga, ciudad que nos impresionó favorablemente no sólo porque es muy bella, sino además porque nos hizo sentir que, de vuelta, estábamos en Europa [...] A los pocos días nos trasladaron a Hejnice, un pequeño pueblo en el corazón de los Sudetes, región siempre en litigio entre Polonia, Alemania y Checoslovaquia".
    Atenta todos los hechos que vivía, Carmen Parga escribió: "Los acontecimientos se sucedieron a lo largo de aquel año decisivo, 1948. En Checoslovaquia los comunistas habían tomado el poder, en clara provocación a los acuerdos con los aliados después de la guerra. Stalin, en desventaja por no tener la bomba atómica, tuvo que renunciar a sus planes de grandeza de ocupar toda Europa y retirarse a posiciones básicas, encerrando dentro del telón de acero a los países satélites. Los partidos comunistas de toda Europa occidental quedaron desamparados de Moscú, a merced de los avatares de la guerra fría. Esta nueva política trajo como consecuencia que se abandonaran los planes sobre España, y los muertos en las campañas guerrilleras fueron enterrados y olvidados" [...] Escuchamos con estupor la lectura del documento en que los partidos comunistas europeos acusaban a Tito y al Partido Comunista yugoslavo de desviacionismo y traición a la sacrada causa" [...] Los cantos de alabanza a Tito por su labor durante la guerra, se convirtieron en acusaciones que iban desde lo trágico a lo ridículo" [...] Fue muy duro leer el documento acusatorio del Partido Comunista de España, que tantos favores debía al partido yugoslavo, uniéndose al coro; pero fue peor oír las estupideces de nuestros compañeros alló, que no tenían la disculpa del desconocimiento".
 Manuel Tagüeña con sus hijas, Carmen y Julia

    Otro párrafo de Parga muestra su carácter: "Me enfermaba constatar que en aquellos momentos que tanto había que hacer en el mundo, los partidos comunistas se dedicaran solamente a tratar de aplastar a Tito y al partido yugoslavo" [...] Tenía la niña cuatro meses cuando nos trasladamos a Brno, la segunda ciudad de Checoslovaquia, en cuya Universidad iba a trabajar Tagüeña en la Facultad de Medicina [...] poco a poco nos fuimos compenetrando con los checos. Inteligentes, trabajadores, su característica más destacada es una tendencia al humor ácido, en cierto modo parecido al humor negro español. No es causal que el libro más representativo de su literatura sea "Las aventuras del bravo soldado Sveik", de Jaroslav Hasek" [...] "Mi marido me prometió solemnemente que a la menor posibilidad nos sacaría del mundo comunista, enloquecido, angustiado y amenazante. Pasaron varios años hasta que pudo cumplir esta promesa y en total vivimos siete años en Checoslovaquia".
 Carmen Parga con su hija Carmen (lleva el vestido tradicional checo).

MÉXICO.- Tras pasar muchas dificultades, lograron el permiso para viajar a México: "Subimos al avión con una sensación de incredulidad, que no nos abandonó hasta que llegamos a Amsterdam". Era la primera escala de su viaje a la libertad: "Subimos de nuevo al avión ya convencidos de que no habría regreso. Íbamos a hacer escala en Irlanda y luego otras dos al otro lado del Atlántico: en Terranova y en Canadá [...] Felices, nos bajamos del avión en Monterrey, primera escala en México... por fin, el 12 de octubre de 1955 arribamos a la ciudad de México". En el país de la zona norte del continente americano lograron rehacer sus vidas y la familia, aunque al principio no se lo pusieron fácil.
LOS LÍDERES COMO DEIDADES.- La lectura de la obra de Carmen Parga nos traslada a la actualidad más cercana, nos hace pensar en nuestro tiempo por los tremendos paralelismos políticos. En tiempos de Hitler y de Stalin, se hizo de los líderes políticos pequeñas o grandes deidades terrenales que dictaban sus propios mandamientos, jaleados por sus camarillas de "cortesanos". A los militantes, al pueblo, se le exigía fe ciega, obediencia absoluta, sacrificios sin límites... todo sin plantear la menor pregunta, bajo de pena del repudio social o mayores castigos físicos y psíquicos. 
    Esa manera despótica de entender el poder ha llegado hasta nuestros días: actualmente los líderes de los partidos políticos, democráticos o no, se comportan y actúan como pequeños seres endiosados a los que hay que seguir con pasión, devoción. Bajo ningún concepto se puede ejercer la menor crítica. Si algún militante o ciudadano se atreve a "cantarles las cuarenta", narrarles la realidad visible, entran en acción los "guardianes de la ortodoxia, traidorzuelos de tres al cuarto, camarilla de auténticos enajenados mentales dispuestos a todo: desde la traición más descarada a sus amigos más próximos, pasando por cualquier otra barrabasada para proteger, aislar la figura del líder, ese pequeño infame con síndrome de Napoleón, rodeado de cientos de asesores que le parasitan.
    Lo narrado se puede advertir en todo tipo de líderes. desde los que, tumbados y fumando un selecto puro habano, leen la Prensa deportiva, mientras se divierten con medidas económicas antisociales que machacan a la machacada clase media o trabajadora de su propio país; a los que pretenden deslumbrar con un verbo fácil, coleta en ristre; sin olvidarnos de los más oscuros maniobreros que dicen ser lo que no son, borrando todo lo prometido para obtener el poder, trabajando activamente para las élites saqueadoras de bienes comunales.
    El libro de Carmen Parga es todo un manuel de decencia.

Pablo Torres
Madrid, 5 de febrero 2017

sábado, 14 de enero de 2017

EL LABERINTO DE LOS NIÑOS ROBADOS



El primer lector del segundo caso de Tadeus Kunzt, José Antonio Tébar, reseña "El laberinto de los niños robados", novela del género negro, de Pablo Torres. Y explica bien las dificultades y trabas que se ponen para impedir que se investiguen en España los miles de casos de niños robados en los paritorios y centros de menores, a lo largo del franquismo y primeros años de la recuperada democracia: los demócratas no supieron o no quisieron verlo. El título de la reseña se ajusta a ese enfrentamiento ideológico que pervive entre los españoles: franquistas contra demócratas.
Todos los jueves del año, por la tarde, haga frío o calor,
se manifiestan en la Puerta del Sol (Madrid, España).
Se van a dejar la piel, hasta que se acabe con
la impunidad del Franquismo (Foto: Pablo Torres)

NÁJERAS CONTRA MACHADOS

Tras unos meses sin saber de sus andanzas vuelvo a tener noticias de Tadeus Kuntz, investigador privado. Descreído y rebelde, de vuelta de alienantes realidades neoliberales,  sigue subsistiendo con dignidad y sin sentirse culpable por su modo de vida. Tad cae esta vez en un laberinto desasosegante que va mucho más allá de los casos domésticos que habitualmente resuelve con solvencia. Aceptó un caso más y abrió, sin buscarlo, la caja de Pandora: la compraventa de niños robados y la presunta connivencia, si no la complicidad, del Poder en España durante los dos últimos tercios del siglo XX. Un caso laberíntico que parece irresoluble e ininvestigable porque algunos consideran que es  la voluntad de dios.
Impotente, nuestro héroe, sufre a medida que avanza en las pesquisas; siente rabia cuando constata las complicidades y las connivencias, las trabas y las zancadillas. El caso de los niños robados debería ser una cuestión de Estado pero con “el franquismo y sus inercias hemos topado, amigo Pablo”. Hoy mismo, 12 de enero de 2017,  ha sido noticia judicial el doctor E.V. en todos los medios y la espita de la esperanza tal vez se abra. España continuará sine die con las cunetas llenas de muertos malenterrados y con miles y “cienmiles” de españoles a quienes les han robados sus hijos en un caso y sus identidades en otro… Españoles que caminan en círculo en su “Plaza de Mayo” de la Puerta del Sol de Madrid. España es diferente e indiferente. Machados contra Nájeras.
 Familiares de niños robados, en una de sus protestas:
quieren recuperar a sus madres, hermanos, primos,
devolverles su identidad; quieren que vuelvan con los suyos (Foto: Pablo Torres)


Tad es un hombre sensible, culto, amante del arte, de la música,  de la fotografía y de la gastronomía; atormentado entre dos fogosidades femeninas; afortunado porque son ellas quienes le guían; sensible y afable, no le falta la pasión pero los triángulos pueden ser desquiciantes. Mientras otros patriotas buscan los paraísos fiscales, él encuentra en Irlanda un edén para sorprenderse, su válvula para reencontrar la belleza, la paz y la huida de la miseria “marca España”; ese país lleno de corruptos, imbéciles, ignorantes, postfascistas, eduardos, sormarías, “maderos reciclados”… e “hijos de puta”.
Estamos ante la mejor novela de Pablo Torres. Un relato apasionante, bien trabado y documentado, de fácil lectura y ameno que se pasea sin concesiones por la España actual mostrando sus miserias, incurias y vergüenzas; que entrelaza distintas historias pero sin dejar de orbitar sobre un eje central. Nos hace tomar conciencia de uno de los grandes dramas olvidados o inducidos a olvidar en la sociedad española. Un libro que hay que leer, disfrutar y sufrir.
Gracias a muchos Tad aún nos queda algo de esperanza en este mundo de posverdades. Como decía L. Cohen: “Hay una grieta en todo, así es como entra la luz”…
José Antonio Tébar
Pinto, Madrid, 12 de enero 2017

lunes, 28 de noviembre de 2016

UN SORPRENDENTE LIBRO



     En tiempos de literatura industrial, con los mostradores de los grandes almacenes llenos de extraños títulos, el azar ha querido darme el acceso a una pequeña gran obra de cuentos: "El agrio olor de la cerveza tostada y otros cuentos", de Francisco Minaya, periodista, editado en el año 2002. La obra es una pequeña joya bibliográfica, en edición más que limitada: unos pocos ejemplares para disfrute de amigos... y que nadie me pregunte qué motivos me llevan a reseñar una obra de tan poca tirada: en estos días han entrevistado a un escritor que anuncian como el que más vende. ¿Pretenden que el autor que más libros vende es el mejor, el que más calidad ofrece? Han pervertido hasta la Literatura, de ahí que sea necesario buscar obras de autores poco o nada conocidos para disfrutar de la lectura. Y es preferible ocuparse de autores que no venden o venden poco, que tienen mucho que ofrecer. En tiempos de Valle-Inclán, ¿recuerda alguien quién era el autor que más libros vendía? ¿Le suena a alguien el nombre de Emilio Carrere?
     El primer cuento, que da título al libro, se centra en una discusión absurda... aunque todas las discusiones son absurdas. Pero lo fundamental es la cerveza, esa bebida mágica citada por el cantante Rod Stewart en una entrevista. Nos dijo abiertamente que le gustaba el fútbol, la cerveza y las mujeres... creo que por ese orden. Y si lo dijo Rod Stewart, que cantó la inolvidable "¿Crees que soy sexy?", no seré yo quien le desdiga. La cerveza devolvió la serenidad a los amigos que se enzarzaron en un debate con poco sentido.
     El segundo cuento, "El pelón", podría considerarse como una alegoría de la inocencia, a partir de una confusión reflejada en la prensa como el ataque de un oso a... no me puedo permitir destripar la historia, pero es de las que produce mucha risa, como ese hongo alucinógeno que provoca carcajadas incontroladas, sin motivo alguno.
     El tercer cuento, "Sin desperdicio", nos traslada a un vertedero, donde  hay una búsqueda de una Mariquita Pérez. Tampoco se debe ir más allá: mejor que el lector interesado busque al autor y consiga un ejemplar, aunque sea fotocopiado por el propio autor en un acto de auto-piratería.
     Cierra el libro la narración "El trono de oro", donde Francisco Minaya, periodista de "Sucesos" deja una crónica detallada, con bastantes dosis de humor negro, de lo que le puede suceder a cualquiera en un día de esos, en los que es mejor quedarse en casa y no salir. Y hasta aquí puedo contar, para no incurrir en eso que ahora llaman un "spoiler"... o decir eso de "el asesino es el mayordomo".
     Tras el primer cuento, pensé que estaba ante un conjunto de cuentos con historias imposibles. Pero no. De imposibles, nada. Las historias pueden ser o son reales, por absurdas que parezcan: la realidad supera con mucho a la ficción. Y de ahí la reseña de una pequeña obra, bien escrita, difícil de conseguir, sin pretensiones, con alguna errata (como debe ser). Y si alguien quiere un ejemplar, trasladaré la petición al autor. Sentirse leído es como sentirse amado... o eso creo.

Pablo Torres
Madrid, lunes 28 de noviembre 2016

sábado, 21 de mayo de 2016

JOSÉ MARÍA RUIZ ALONSO



Acumulaba documentación sobre la guerra de España, en Miguel Esteban (Toledo) y necesitaba que algún historiador me revisara el texto. Alfonso González-Calero me puso en contacto con José María Ruiz Alonso, autor de un libro magnífico: “La guerra civil en la provincia de Toledo. Utopía, conflicto y poder en el Sur del Tajo (1936-1939)”. Y una vez que nos conocimos, iniciamos lo que fue una gran amistad.

     Accidentalmente me enteré del fallecimiento de José María Ruiz Alonso, ocurrido el 23 de enero del 2016. Y pude saber que su muerte se debió a un “cáncer fulminante”. Maldita muerte, que llega sin avisar, que no espera a nadie, que corta sin piedad una vida llena de energía. La noticia me dejó en estado de shock: José María era un hombre joven, de 63 años.
     José María, al que unas veces le llamaba Ruiz, otras veces Alonso, otras veces más Ruiz Alonso, era un importante historiador, una persona sencilla… tuvo la paciencia de leerse “Los años oscuros en Miguel Esteban. Represión y fascismo en Castilla-La Mancha. República – Guerra Civil y primer franquismo”. Reordenó mi (nuestro) libro, quitándole excesos, dándole su formato final. No se extrañó cuando, una vez publicado el libro, la derecha migueleta me criticara con alguna mala saña: conocía muy bien el franquismo, los comportamientos franquistas, en unos tiempos de democracia donde subyacía ese franquismo sociológico que pretende mantener la historia oficial del franquismo.
     José María era licenciado en Historia Moderna y Contemporánea y en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense, de Madrid. Después se doctoró en la UCLM, siendo catedrático de Bachillerato. Dedicó toda su vida profesional a la enseñanza de la Historia en varios institutos de España, particularmente en Toledo, donde compaginó su docencia con la de la facultad de Humanidades, como profesor asociado.
     En el año 2004 publicó su obra principal: “Laguerra civil en la provincia de Toledo. Utopía, conflicto y poder en el sur delTajo (1936-1939)”, en Almud ediciones de Castilla La Mancha. Otros libros suyos eran: “Nuevos datos sobre la represión franquista en la provincia de Toledo”, “La guerra civil en Castilla La Mancha, 70 años después” (Servicio de Publicaciones de la UCLM, 2008), “El sistema de partido en el Toledo de la II República” (AAVV), “Nuevos estudios sobre la cultura política en la II República Española (1931-1936)”, editado en Madrid por Ed. Universidad Rey Juan Carlos-Dykinson, 2011, pp. 49-70.
   En el año 2005 publicó “La edad dorada del Instituto de Toledo (1900-37)”, en Almud Ediciones, Biblioteca Azul… Gracias a José María Ruiz Alonso, a sus investigaciones como historiador, se pudieron contrarrestar falsedades y mitos sobre la historia contemporánea de Toledo.
     “La guerra civil en la provincia de Toledo…” es uno de esos libros afortunados, importante para la historiografía de la guerra civil en España, particularmente en la provincia de Toledo; que abre brecha para otros historiadores: marcaba un camino, aportaba documentación. Ruiz Alonso era un historiador preciso, detallista. Su libro no pasó inadvertido y ahí está en la Bibliografía que aportan los más grandes hispanistas, entre ellos Paul Preston (intentaré recuperar la reseña que creo escribí del libro de Ruiz Alonso, para añadirla en un próximo artículo en “Disidencias y Negaciones”).

     Quise que José María Ruiz Alonso me presentara en Toledo el libro que yo había escrito, “Los años oscuros en Miguel Esteban…”, y que él se ocupó en reordenar: un periodista guiado por un historiador es mucho más eficaz en su trabajo. Y presentamos el libro en la Biblioteca Pública de Toledo (25/09/2008), instalada en el Alcázar, uno de los símbolos del franquismo. No asistió mucho público al acto, pero hablamos con soltura: José María, hombre tranquilo y pacífico, gran analista, explicó con calma, y un tanto de pachorra, lo que fue y significó negativamente para España el triunfo de los franquistas. Y también me dejó hablar, sin intervenir excepto para matizar cuestiones históricas: logré sacarle algunas sonrisas con mis apasionadas palabras contra el franquismo y esas alimañas que se alimentaron del franquismo para amamantar a la dictadura. La intervención de Santos Ochoa, líder del PSOE en Miguel Esteban, estuvo muy medida. Como jefe de la Oposición municipal, cuando fue concejal electo del PSOE, se las tuvo tiesas con el alcalde de Miguel Esteban, un político que mantiene el callejero de la población infectado con los nombres de las peores alimañas del franquismo.
     Recuerdo que algún medio informativo, “Aquí Castilla-La Mancha”, de la derecha, nos hizo sonreír cuando publicaron la reseña de la presentación del libro, hecha el 25 de septiembre del 2008: “MIGUEL ESTEBAN ENTRE 1931 Y 1952, SEGÚN PABLO TORRES”, firmada por Isabel Abarca. La periodista –se permitió llamarme “fotógrafo aficionado”–, si hubiera querido ser veraz, hubiera titulado la información, especificando “mi visión” de Miguel Esteban, según la documentación que aporté. El titular correcto hubiera sido: “…SEGÚN LA DOCUMENTACIÓN APORTADA POR PABLO TORRES”. Pero no lo hizo, quizá afectada por su ideología derechista o próxima al franquismo. Y en su afán de descalificación, escribió: “El libro, del que ya se han distribuido algunos ejemplares en Miguel Esteban…”. Ese “algunos” podrían ser dos libros, o diez libros. La realidad es que hice dos ediciones y que, finalmente se distribuyeron más de 500 ejemplares, cantidad que no está nada mal para un pueblo de más de 5.000 habitantes censados.

 “La guerra civil en la provincia de Toledo…” es 
uno de esos libros afortunados, importante para la
historiografía de la guerra civil en España, particularmente
en la provincia de Toledo; que abre brecha para otros 
historiadores: marcaba un camino, aportaba documentación. 
Ruiz Alonso era un historiador preciso, detallista. 
Su libro no pasó inadvertido y ahí está en la Bibliografía 
que aportan los más grandes hispanistas, entre 
ellos Paul Preston (intentaré recuperar la reseña 
que creo escribí del libro de Ruiz Alonso, para añadirla
en un próximo artículo en “Disidencias y Negaciones”).

  
     Conservo un original encuadernado artesanalmente de “Los años oscuros en Miguel Esteban…”, que le envié a José María para su corrección. Me desplacé unas semanas después hasta Toledo para recogerlo en mano. El libro está lleno de indicaciones manuscritas: lo reordenaba, eliminaba los excesos, añadía carencias. Previamente le había indicado que me enfrentaba a gente que, de no aportar documentación de los hechos reseñados en el libro, cargarían contra la obra con saña. Y gracias a José María Ruiz Alonso, conseguí reconstruir la historia del pequeño pueblo de Miguel Esteban, durante el periodo 1931–1951. Me faltaban algunas “cosas” que, años después localicé gracias a mi buen amigo José Antonio Tébar: los dos juicios contra Paulino Argumánez, que desmontan las muchas mentiras contra el que fue representante del Partido Comunista en el Ayuntamiento de Miguel Esteban, despreciado hasta por los propios comunistas de/en Miguel Esteban; y los hechos ocurridos en la Semana Santa de 1932 (desmontan las muchas mentiras que esparció la derechuza para culpar a la izquierda). Los hechos de la Semana Santa de 1932 en Miguel Esteban fueron provocados por la derecha, para organizar toda la represión posible contra la izquierda: lograron que se encarcelaran a más de siete izquierdistas que nada tuvieron que ver con los hechos de esa Semana Santa, además de herir de gravedad a Paulino Argumánez, al que tuvieron que trasladar hasta Madrid; e intentaron asesinar a Eusebio Patiño, “El Raco”, que tuvo que escapar a la carrera del pueblo, refugiándose en El Toboso (en una próxima edición de “Los años oscuros en Miguel Esteban…” se añadirán los hechos y la documentación que lo prueba).

Acto de presentación del libro
 "La edad dorada del Instituto de Toledo (1900-1937)
 
EL PATIO 42.- Las fosas del Patio 42, del Cementerio de Toledo, son una de las miles que hay repartidas por toda España, donde los franquistas dejaron sus huellas de horror. El lugar permaneció intacto hasta el año 2002, cuando responsables del Ayuntamiento toledano ordenaron remover las tierras del Patio 42 para sacar los restos y construir en la parcela 20 nuevas sepulturas para enterrar los muertos de nuestros días. Las máquinas sacaron a la luz los restos óseos de cientos de asesinados por las tropas franquistas, nada más llegar a Toledo; sacaron a la luz los sentimientos de muchos toledanos que vivieron el movimiento de tierras como una enorme profanación de la memoria.
     Enrique Lorente, director de Patrimonio de la Junta de CLM, concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Toledo, decía en el documental “Patio de Silencio”, realizado en el 2005: “El patio 42 es la vergüenza de Toledo”.
     José María Ruiz Alonso fue de los primeros en dar la voz de alarma, en relación con el Patio 42, además de dejar constancia de que muchos restos fueron destruidos para siempre: no todos los restos de las víctimas del franquismo, del Patio 42, están en el osario donde se han depositado los que sí fueron rescatados. Coincidí con José María Ruiz Alonso en el acto de “presentación” de la Fosa 42, en el Cementerio de Toledo. Y es preciso recordar la intervención previa de José María, unos años antes, denunciando junto con otros intelectuales de la ciudad, que iban a destruir la fosa: evitaron que se perdiera esa parte de la historia de la guerra de España en Toledo. José María tenía todo un conjunto de fotografías de la fosa, cuando las máquinas removían las tierras. 
En aquel acto de recuperación de las fosas del Patio 42, celebrado en febrero del 2011, acompañamos a José María Ruiz Alonso gente como Isabelo Herreros o yo mismo, además de muchos intelectuales de la izquierda toledana. Escuchamos atentos las palabras de Luis García Montero, uno de los poetas e intelectuales actuales más importantes de España, también comprometido con causas nobles y justas. 
García Montero recitó versos de uno de sus poemas, dedicado a Antonio Machado; y recordó a Francisco Ayala en uno de sus libros: “La cabeza del cordero”, compuesto por cinco relatos breves, publicados en 1949. En la narración “El Tajo”, García Montero explicó que Ayala describía a un burgués culto, asediado por un sentimiento de culpabilidad: el teniente Santolalla se encuentra con un republicano distraído, al que mata sin pensárselo. A pesar de las felicitaciones de sus compañeros, Santaolalla se sabe culpable de un crimen…

En algunas ocasiones quedamos para comer. La distancia entre Madrid y Toledo no es excesiva y, en poco más o menos una hora, estás en la llamada Ciudad Imperial. Ruiz Alonso era un hombre sencillo: comíamos en algún restaurante económico extramuros, sin excesos. Y más que comer, hablábamos. José María sabía escuchar, dejaba hablar. Por supuesto, yo le escuchaba con atención: era un hombre sabio, con una capacidad de análisis envidiable. En momentos, manifestábamos nuestra frustración por los posicionamientos de las izquierdas, muchas, divididas, víctimas de egos alimentados de vanidad. Pero nunca personalizó en tal o cual político alguna acción absurda o estúpida, aunque hubiéramos podido señalar unos cuantos de esos ineptos, pagados de sí mismos.
        De José María Ruiz Alonso me quedan muchos recuerdos… y nuestra e-correspondencia, donde también reflejaba su inteligente humor, su ideología política: era un hombre de izquierdas, íntegro. José María era un hombre bueno, sencillo, culto… un historiador serio y riguroso, insobornable. Su pérdida es dolorosa para todos sus amigos y para la sociedad, por todo lo que hubiera podido seguir aportando a la historia de Toledo y su provincia; por todo lo que aportaba diariamente con su manera de actuar y ver el mundo. Pero la muerte es así en muchos casos: repentina, injusta siempre. Nos recuerda que somos pequeños seres efímeros. José María nos ha dejado físicamente, pero ahí está toda su obra más la documentación acumulada en estos últimos años, imprescindible para entender un tiempo, una época de España.
     Cierro el artículo. Me viene a la cabeza una nana, creo que de Manuel Gerena: “Muere el que se muere y se queda en tierra, no sube a los cielos…”. Un abrazo Ruiz, otro abrazo Alonso.

Pablo Torres
Madrid, 14 de mayo 2016