domingo, 28 de octubre de 2012

VICENTE TORRES RAMOS. IN MEMORIAM



Vicente Torres en 1999 (Móstoles. Madrid)

Militante comunista, víctima de la represión franquista, refundador del PCE en Miguel Esteban (Toledo), fue testigo de una época de España iniciada en la segunda República, marcada por una larguísima y brutal dictadura y la recuperación de la democracia.

Nació en 1932, durante la segunda República, en el pueblo manchego de Miguel Esteban (Toledo). Vicente Torres Ramos era hijo de Genaro y Miguela, el menor de los cuatro hijos del matrimonio. Sus hermanos eran Teófilo, Miguel y Carmen. En 1932 España vivía un periodo democrático convulso: las derechas creaban malestar social, culpando a la República de la agitación callejera. Un año antes, en 1931, las urnas proclamaron democráticamente la República. Los poderes fácticos –terratenientes, nobles, curas católicos, una parte del ejército– no querían perder sus privilegios; no querían ni la libertad ni la democracia que otorgara derechos laborales a la clase trabajadora.
            En febrero de 1936 el Frente Popular ganó las elecciones. En Miguel Esteban, el responsable de Izquierda Republicana, Genaro Torres, accedió a la alcaldía. Sería el primer alcalde democrático de izquierdas en la población. Vicente, con cuatro años estará ajeno a todo un conjunto de hechos que se desarrollarán a partir del julio de 1936, cuando un grupo de oficiales “africanistas”, con Mola y franco, dan un golpe de Estado que fracasará en media España, provocando la guerra civil española.
            Los primeros recuerdos de Vicente sobre la guerra civil –recogidos en una entrevista que le hice el 8 de febrero de 1999 en Móstoles (Madrid), para reconstruir la biografía de su hermano Teófilo, miliciano de la República–, narraban episodios del paso de aviones fascistas, que se dirigían a bombardear Alcázar de san Juan (pueblo situado a 18 kilómetros al sur de Miguel Esteban). Acompañaba a su padre.

BRUTAL REPRESIÓN EN LA POSTGUERRA
Los siguientes recuerdos de Vicente son de la inmediata postguerra (1939-1944), de la represión política, social y económica contra su familia –contra todas las familias republicanas–. Pudo saber, con sólo siete años, que su padre había sido fusilado por el sólo hecho de ser alcalde de izquierdas; que su hermano Teófilo fue llevado a la cárcel, y después condenado por los rebeldes por “adhesión a la rebelión”; que sus hermanos Miguel y Carmen tuvieron que ponerse a trabajar a cambio de comida; que su madre tuvo que malvender, quizá nunca cobrar, las pocas tierras de labor de la familia… y tuvo que soportar la violencia y humillaciones de un cura psicópata, el afamado don Martín, que disfrutaba pegando a los hijos de los “rojos” que se atrevían a ir al comedor social para mitigar el hambre. Semejante individuo olvidó que durante la guerra civil, no le tocaron ni le pasearon porque Genaro Torres, padre de Vicente, alcalde del pueblo, lo impidió. En Miguel Esteban son pocos los que no han oído historias e historietas, ciertas o inventadas, sobre los excesos sexuales de don Martín, sacerdote católico, que se vio obligado a dejar el pueblo tras un incidente con un falangista.
            En cuanto pudo, Vicente abandonó el pueblo. Trabajó de albañil en el Levante valenciano, en Madrid… y como cientos de miles de españoles, una vez casado con Consuelo, hizo las maletas y emigró a Suiza. A los trabajadores en España se les negaba el futuro, mucho más si eran “rojos”. En el país helvético y en otras poblaciones de Alemania, trabajó duro. Regresaría unos años después, con algunos ahorros, dispuesto a volver a empezar.
            Quiso montar una línea de transporte de viajeros, con punto de partida en Miguel Esteban, comprando una furgoneta. Pero le negaban y retrasaban los papeles, la licencia. Y sorprendentemente la guardia civil de Tráfico le paraba y le paraba, multándole continuamente: era un acoso en toda regla. Consiguieron estrangular el negocio, llegando incluso a detenerle por no pagar esas multas. Quizá Vicente no entendió nunca que los “rojos” seguían en el punto de mira de los franquistas, siempre dispuestos a cualquier tipo de represión (en su caso laboral).

MUERTE DEL DICTADOR. LA TRANSICIÓN
En noviembre de 1975 moría el sanguinario dictador Franco. Se iniciaba una Transición política a la democracia (1975-1982) salpicada de violencia y atentados. Distintas organizaciones de supuesta izquierda y de extrema derecha, desde ETA al GRAPO, pasando por los Guerrilleros de Cristo Rey o los independentistas canarios, se confabulaban con sus atentados indiscriminados para acabar con la recién recuperada democracia. En aquellos años Vicente, junto con otros comunistas, refundaron el Partido Comunista de Miguel Esteban. La sede la tuvieron inicialmente en la calle del general Moscardó, en la casa de su mujer, Consuelo Mayoral. En sus últimos días de vida, en una charla que tuvimos, Vicente recordaba el enorme trabajo y esfuerzo de personas como Dupí o Pepe “Relámpago” –también tuvo palabras amables hacia Pedro Patiño–. Pero los comunistas en Miguel Esteban siempre han estado muy señalados: es una consecuencia del grado de penetración del franquismo en la sociedad, de su intensa propagando durante cuarenta años. Después el comunismo se transformó, primero con el euro-comunismo de Santiago Carrillo; después, con la nueva imagen que quiso dar Julio Anguita al comunismo, desnaturalizándolo. Los comunistas históricos quedaron en segundo plano. Nos nuevos comunistas se amoldaron a la situación, casi como una fuerza política residual
            De aquellos años es un episodio tenebroso: una conspiración de franquistas de Miguel Esteban para asesinar a Vicente. Porque Vicente Torres no quiso callarse y señaló con nombres y apellidos a todos y cada uno de los que se implicaron en la represión y asesinatos políticos en la inmediata postguerra franquista. Y los conspiradores, “juanitos”, "tomases" y asimilados, trasladaron sus planes a la guardia civil que, en un acto de sensatez, pusieron los hechos en conocimiento del entonces gobernador civil de Toledo, señor Foxá, que paró aquel disparate de aquellos fanáticos descerebrados, auténticos perturbados que seguían instalados en el franquismo más criminal.

VICENTE SE INSTALA EN MÓSTOLES. LA DEMOCRACIA
Como otros muchos migueletes, Vicente abandonó su pueblo. Miguel Esteban nunca ha sido un pueblo para demócratas. Se instaló en el suroeste de Madrid, en Móstoles, colaborando con los comunistas de la población, agrupados en Izquierda Unida, en un segundo plano.
            El fallecimiento de su hermano Teófilo, en marzo de 1996, fue un mazazo para toda la familia. En 1999 grabé una entrevista con Vicente en Móstoles. Quería sus testimonios para reconstruir la biografía de Teófilo, miliciano de la República con sólo 16 años, que luchó en Toledo y Pozoblanco (Córdoba) para defender la libertad y la democracia. Fue una charla larga. Vicente no quiso contarme todo lo que sabía, quizá por pudor. Su vida había estado marcada por las agresiones de don Martín, en la infancia; por la feroz represión franquista, contra todo demócrata; por la emigración a Suiza, para poder sobrevivir; por su filiación comunista, pese a estar en el punto de mira de los franquistas; por las incomprensiones de sus propios camaradas, algunos dispuestos a medrar en el partido; por su quebrada salud final…
            En el último tramo de su vida, más o menos desde el año 2001, la salud de Vicente se hizo inestable. Su corazón, herido por tantas batallas, se resintió de tantos duros momentos, complicándose con otras afecciones propias de la edad. Pese a todo, seguía siendo aquel comunista irreductible de la vieja escuela, de los que sufrieron con intensidad la represión franquista. Recuerdo de ese tramo final alguna que otra conversación relacionada con la edición del libro “Los años oscuros en Miguel Esteban. Represión y fascismo en Castilla La Mancha”. Vicente estaba preocupado por mi seguridad: creía que los contenidos del libro podrían acarrearme problemas. Le tuve que decir que en ningún momento me sentí amenazado, ni nadie se metió conmigo o me molestó. Le expresé, eso sí, mi disgusto con varios supuestos demócratas de Izquierda Unida que se dedicaron (y dedican) a denostar el libro, creyéndose víctimas de algún ninguneo. No son capaces de distinguir derecha e izquierda: forman parte de un grupo obsesivo que sólo reconocen como enemigo al PSOE (El actual gobierno del PP en Extremadura, posible gracias a IU, es un ejemplo). Le dije que en vez de perder el tiempo criticando mi libro, podrían dedicarse a recuperar las biografías de figuras claves del comunismo en Miguel Esteban, como Paulino Argumánez o Águedo Casas. Pero se han dejado liar por un seudo-intelectual de pacotilla, empeñado en recuperar la figura de un derechista, falso anarquista, declarado mártir por la iglesia franco-católica (Ver el Martirologio de la diócesis de Cuenca). En fin –le dije a Vicente–, allá ellos y su locura. No voy a perder un minuto ni en ellos, ni en sus tonterías.
            Vicente Torres Ramos, hijo de Genaro y Miguela, hermano de Teófilo, Miguel y Carmen, falleció en Villa del Prado (Madrid) el sábado 27 de octubre del 2012, por la tarde. Su corazón, henchido de emociones, dejó de latir. Con su muerte, se pierde el recuerdo vivo de un testigo de una época de España iniciada en la segunda República, marcada por la larguísima dictadura franquista y la recuperación de la democracia. Salud y República, Vicente.

Pablo Torres
Madrid, domingo 28 de octubre 2012.

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