sábado, 14 de diciembre de 2013

MIGUELETES DE AÑIL Y CAL [5]



 Pueblo en La Mancha más árida, Miguel Esteban tiene sus orígenes allá por el siglo XIII, aunque los primeros datos documentados están en las Relaciones Topográficas de Felipe II. Será el marqués de Ensenada, con su Catastro o averiguación, el que ofrecerá todo un conjunto de datos sobre el pueblo que evolucionará al ritmo del país. La división ideológica del pueblo se producirá con la segunda República. Las fuerzas de las derechas más reaccionarias, en unión con la iglesia católica y una facción del ejército, se opondrán con todas sus fuerzas y métodos ilegales contra el nuevo Estado democrático, hasta fomentar y patrocinar un golpe de Estado que llevaría a los españoles a una guerra civil (1936-1939), nunca acabada.


DEL CATASTRO DE ENSENADA
AL DICCIONARIO DE MADOZ (siglos XVIII y XIX)


EL CATASTRO DEL MARQUÉS DE ENSENADA
Sobre la fundación de Miguel Esteban, el Catastro del marqués de Ensenada, completado en 1753, aporta poco: ser población propia del Orden y Caballería de Santiago, una de las que componen el Priorato y partido de Uclés, en esta provincia de La Mancha. Pero no especifican la carta puebla, la fundación de la localidad como villa que, por la datación de la construcción de su iglesia, hay que situarla en los inicios del siglo XVII, a partir de algunas casas que debían estar alrededor de la iglesia y protegidas por un torreón defensivo, hoy desaparecido, y una muralla defensiva. Esa población intra-muros se fusionaría posteriormente con la población extra-muros, originando la que finalmente sería villa de Miguel Esteban.
             El Monasterio de Uclés, cabeza de la Orden de Santiago, se ubica cerca de Tarancón y Saélices, donde está la histórica población romana de Segóbriga[1], con importantes restos arqueológicos. Su zona de influencia llegaba hasta los territorios de la Orden de san Juan, en los límites de Alcázar.
El Priorato de Uclés, de forma irregular, tendría sus límites en Tarancón (norte), Tomelloso (sur), Belmonte (este) y Corral de Almaguer (oeste). Cubrirían una franja de territorio de más de 100 kilómetros de largo, de norte a sur, por 50 kilómetros de ancho: de Corral a Mota del Cuervo. Estaba formado por 20 pueblos y 2 aldeas (Torrelengua y Buenamesón). Los pueblos están actualmente en las provincias de Ciudad Real, Toledo y Cuenca. Son los siguientes, por provincias: Campo de Criptana, Pedro Muñoz, Socuéllamos y Tomelloso, en Ciudad Real; El Hinojoso de la Orden, Horcajo de Santiago, Mota del Cuervo, Pozo Rubio de Santiago y Zarza de Tajo, en Cuenca; y Cabezamesada, Corral de Almaguer, Miguel Esteban, Puebla de Almoradiel, Puebla de Don Fadrique, Quintanar de la Orden, Santa Cruz de la Zarza, El Toboso y Villanueva de Alcardete, en Toledo. Extrañamente la villa de Uclés, con sus seis parroquias, pertenecía al obispado de Cuenca, pese a que junto a la villa estaba la cabeza del priorato.
            Aunque el gigantesco monasterio de Uclés está en la parte más septentrional de su territorio, en La Mancha, cerca de la población de Tarancón, el núcleo más numeroso de pueblos pertenecientes a la Orden de Santiago, se localizaba alrededor de la iglesia–fortaleza de Quintanar. Esa parte central controlaba el paso de Este a Oeste, en el Camino Real entre Toledo y Valencia, entre el interior peninsular y la costa levantina. Ese camino pasaba por Corral de Almaguer (parte oeste), Quintanar (centro) y Mota del Cuervo (este), pueblo éste situado en el Camino Real de Cuenca a Ciudad Real. Un poco más allá, hacia levante, estaba la villa de Belmonte, dentro del territorio del Marquesado de Villena. Cerca del Camino Real Toledo–Valencia, se localizaban las poblaciones de La Puebla de Almoradiel, Villanueva de Alcardete, Miguel Esteban, El Toboso y Los Hinojosos.
            En el Catastro de Ensenada hay varias fichas o asientos del Libro Maestro donde se menciona el lugar de Los Burgos de la Paz, a medio cuarto de legua de la villa[2], en el Camino de la Bermejuela o Mermejuela. Los burgos eran, en aquella época, barrios donde se asentaban los inmigrantes árabes, posiblemente procedentes de las expulsiones en Andalucía y Levante. En el Catastro también encontramos un asiento que informa de una propiedad extra-muros[3]. En origen, según los datos del catastro, el lugar en el que se formaría el núcleo de Miguel Esteban sería una pequeña fortificación amurallada de la Orden de Santiago, en la que fusionarían las dos poblaciones vecinas: intra-muros y extra-muros[4]. La población árabe o morisca existente en los llamados Burgos de la Paz, situados un poco más allá de la vega del pueblo, un poco más allá del camposanto; y la de intra-muros conformada por cristianos y colonos de otros territorios, al ser un puesto de vigilancia o pequeña fortificación militar, posiblemente dependiente de la iglesia-fortaleza del Quintanar, de la Orden de Santiago.
URBANISMO: LAS CASAS.- El hombre siempre ha estado integrado en su medio ambiente, conviviendo de forma armoniosa con la naturaleza, aprovechando sus recursos. A mediados del siglo XVIII los manchegos, adaptados a su entorno, duro y extremo, utilizaban todo lo que podían de su medio natural: tierra, que prensaban para construir tapiales; yeso, para levantar los muros de sus casas; cal y arena, para fabricar mortero de argamasa, para encalar sus casas y desinfectarlas; piedra caliza, para obtener cal, para levantar paredes con yeso; barro, para fabricar tejas o manufacturar cacharrería doméstica… el alarife, maestro albañil, se encargaba de la orientación de la vivienda, provista de gruesos muros para aislarla del frío y del calor. Conseguían viviendas muy eficaces, ajustadas a sus necesidades.
            Las casas de Miguel Esteban se agrupaban alrededor de su iglesia, el edificio religioso de mayor tamaño, el más alto, junto al torreón defensivo –no hay el menor rastro–; extendiéndose posteriormente en dos zonas: una hacia el Ayuntamiento (sur) y otra hacia los molinos y ermitas (norte). La parte más antigua de la villa es la más próxima a la iglesia.
            Dependiendo del poderío económico de las familias, las casas migueletas de mediados del XVIII eran diferentes; aunque dentro de unos patrones comunes, a partir de la utilización de materiales del medio ambiente. El tapial delimitaba la casa, normalmente con una fachada más o menos alta, presidida por un portón de doble hoja, de madera. Las casas más sencillas, todas de planta baja, estarían conformadas, según el Catastro, por un cuarto principal, el alto es cámara a sola teja, patio y corral[5]. Es decir, una sala rectangular, normalmente dividida en dos mitades, dos estancias separadas por la chimenea de la cocina y alacena, más el acceso a esa segunda mitad o alcoba del matrimonio. En ese cuarto principal donde se hacía la vida, en un hueco de uno de los muros, se colocaba una tinaja de agua[6], de más o menos un metro de altura (se hacían en Mota del Cuervo); y junto al fogón de la chimenea, pucheros para los guisos… En la repisa de la chimenea, se colocaban el almirez, para majar perejil, ajos, cominos… y otros pequeños objetos domésticos de uso diario. Sobre ese cuarto principal, la cámara a sola teja o teja vista. En ese espacio, también utilizado como pajar, secaban sus productos agrícolas, almacenaban grano para semillas, o se destinaba a pequeño almacén de aperos.

              El patio, amplio espacio a cielo abierto, era el distribuidor: se utilizaba para los carros y galeras. Junto al patio, las caballerizas o cuadras, para guardar caballos, mulas o burros. Los caballos eran propios de los ricos. Lo más frecuente, para la mayoría campesina, era la utilización de mulas o burros. El patio tenía distintas zonas de utilización: el gallinero, para las gallináceas; el corral, donde se acumulaba el estiércol de los animales, mezclado con paja: luego, una vez retirado, sería utilizado como abono en la época apropiada. Y dentro del corral, el excusado para las necesidades de las personas.
            En algunas casas tenían cuevas con varias funciones: conservar líquidos (vinos) a una temperatura baja y estable para que no se estropearan o picaran: eran auténticas bodegas, con tinajas de hasta 500 arrobas compradas en Villarrobledo (actual Albacete) o Colmenar de Oreja (actual Madrid, muy cerca de Chinchón), los dos grandes centros tinajeros de la zona; y conservar otros alimentos, como las patatas (en tiempos muy posteriores), a resguardo de la luz y a una temperatura constante, para que no se estropeen.
            Se iluminaban con lámparas de velones (los ricos) y candiles (los pobres). Los candiles son pequeños utensilios de origen romano, formados por dos recipientes de metal superpuestos. El superior, lleva el aceite y la torcida; el inferior, una varilla para colgarlo. En España se han usado hasta mediados del siglo XX en las zonas rurales de La Mancha, Extremadura, Andalucía…
            En el catastro también informan, casi de pasada, que algunas casas disponían de jaraíz[7], un lagar donde se depositaban las uvas de la vendimia en una prensa para pisarlas y después prensarlas. El líquido obtenido se trasegaba después a las bodegas para su fermentación en grandes tinajas de barro cocido. Hay casas que también disponen de bodega[8], lugar subterráneo donde fermentaba el mosto hasta su transformación en vino.
            En Miguel Esteban tenían plantadas 296.350 cepas de vid, reseñadas en los asientos del Libro Maestro, volúmenes 1 y 2. Cada mil cepas les producían 40 arrobas, 30 arrobas o 20 arrobas, dependiendo de la calidad de las tierras y las vides, según la respuesta nº 13 del Interrogatorio. Promediando el número de vides plantadas, 296.350, como de segunda calidad, producían anualmente 8.890,5 arrobas de vino, que equivalen a 142.248 litros de vino. La arroba de vino valía 6 reales: obtenían, por tanto, 53.343 reales por cosecha, siempre que no se perdiera por adversas condiciones meteorológicas. Y con el mosto, antes de fermentar y transformarse en vino, podían elaborar artesanalmente arrope, un jarabe negruzco, muy dulce y calórico, que se obtiene cociendo mosto. Se consumía como postre, regado en pan.
            La casa de morada media estaría compuesta por: Cuarto bajo y cámara, con patio, corral y caballeriza. Apenas indican cuevas, aunque creemos que la mayoría de las casas disponían de ese necesario espacio subterráneo donde conservar vino y otros productos. La cueva, como bodega, únicamente se reseña en las casas de los grandes terratenientes.
POBLACIÓN Y AYUNTAMIENTO.- A mediados del siglo XVIII, prácticamente todos los territorios de España estaban en manos de terratenientes nobles y clero, los denominados manos muertas, parásitos que sangraban e impedían la modernización del país: las personas comunes y normales, del pueblo, eran vasallos o súbditos, propiedad de nobles y clero. El concepto ciudadanía y sus correspondientes ciudadanos tardarán muchos años en introducirse en España, aceptarse y desarrollarse.
En el año de la averiguación o catastro, Miguel Esteban, villa de tamaño medio[9], tenía una población aproximada de 866 habitantes, correspondiente a los 228 vecinos[10], o cabezas de casa: únicamente figuraban censados los que hoy llamaríamos cabezas de familia, con derechos sobre su familia, sin incluir el número de personas de unidad familiar, que variaba en su número de componentes, mayoritariamente labradores: sus gobernantes, desde Felipe II, renunciaron a industrializar el país, a modernizar el campo.
            La villa de Miguel Esteban tenía dos alcaldes, como todas las poblaciones en aquella época: Francisco Martínez Espinal, por el estado de la nobleza que, en 1752 tenía 65 años; y Juan Francisco López Villaseñor, alcalde por el estado general, de rango inferior, sometido al primero. Los regidores por ambos estados, miembros del cabildo municipal, o concejales, eran Francisco Martínez Espinal, hijo del alcalde, noble por herencia paterna –controlaban todo, por insignificante que nos pudiera parecer hoy– y Eusebio Morales. El procurador general del común (Ayuntamiento), persona elegida o designada para representar a la Comunidad ante otros organismos oficiales de mayor rango, era Pedro Garay Villaseñor. El escribano del Ayuntamiento, era Joaquín Morales.
            El mayordomo del Concejo (secretario) era Juan Villarejo, que se encargaba de tener al día el Ayuntamiento (un local de 17 varas de frente o fachada y 4 varas de fondo: unos 70 metros cuadrados de planta), que lindaba con casa de Francisco Martínez Espinal, hijo; y con otra de Cristóbal Muñoz. En la misma plaza del Ayuntamiento estaban la carnicería y la fragua, en un espacio de 36 metros cuadrados (9 varas de frente x 4 varas de fondo). Juan Francisco Tirado era el mayordomo del pósito (almacén de grano).
            El alcalde de la nobleza, Francisco Martínez Espinal, gran terrateniente,  tenía tres casas en la villa de Miguel Esteban, en las calles de Santa Ana (dos) y del Toboso; más 79 tierras, 3 extensas viñas, una casa de campo y un molino de viento harinero, fuera de servicio posiblemente por viejo. No hay que olvidar el ganado lanar[11]. Una de las casas, la primera, en la calle de Santa Ana, tenía la friolera de 2.500 metros cuadrados aproximados de planta. La segunda casa, en la misma calle de Santa Ana, era más reducida: 500 metros cuadrados de planta. La tercera casa, en la calle del Toboso, era de 800 metros cuadrados (los datos, en medidas originales, están en varas castellanas).
El alcalde de Miguel Esteban, en esos años tenía además, 4 criados de labor, 9 mayorales, 9 zagales y 9 roperos: 31 personas trabajaban para el mayor terrateniente de la villa. Sus 79 tierras, de regadío o de sembradura y secano, de viñas, se traducían en más de 500 hectáreas –una cuerda agraria es igual a 12 celemines o una fanega. Y 12 celemines vienen a ser, aproximadamente, una hectárea–, más otras 11 hectáreas de viñas.
La autoridad eclesiástica máxima de Miguel Esteban, el gran terrateniente por el estado eclesiástico, por el clero católico, inmensamente rico y todopoderoso, era Cristóbal Muñoz Novillo, licenciado, presbítero (orden eclesiástica mayor), Comisario Inquisidor, propietario hasta del mesón de la villa, que lo tenía arrendado para ganarse otros pocos más reales de vellón. El gran terrateniente eclesiástico, Cristóbal Muñoz Novillo, tenía también la propiedad de tres molinos de viento en el Altillo de San Cristóbal. La segunda autoridad eclesiástica era Juan Muñoz Ortiz, cura teniente de la Parroquial, gran acaudalado: recibía anualmente del Ayuntamiento un sueldo de 1.460 reales de vellón y otros ingresos por la fábrica de la Iglesia (estaba exento de pagar impuestos).
La máxima autoridad civil comarcal era el Gobernador de Ocaña, que visitaba la villa cada tres años[12] para recaudar sus impuestos.
            Del Ayuntamiento, del Común, dependían la cárcel, el pósito (almacén de granos, de trigo, cebada, avena...), la carnicería y la fragua. No rendían grandes beneficios a la colectividad, aunque servían para pagar impuestos comunales. Disponían de una tienda, que hoy llamaríamos ultramarinos: aceite, pescado (suponemos que sazonado, del tipo bacalao o sardinas arenques), fruta seca y otros géneros comestibles que sirven al común. Parte de los beneficios obtenidos del alquiler de la tienda, se destinaban al pago de impuestos: alcábalas, cientos y millones. Tampoco  disponían de panaderías: en cada casa las mujeres elaboraban y cocían el pan.
 
             El Ayuntamiento estaba ubicado en la Plaza Capellanía. Se componía de un cuarto principal alto. La parte baja era la cárcel para la custodia de presos. En la misma plaza, en un lugar de medidas reducidas, estaban la carnicería y la fragua, que dependían del Común. El Ayuntamiento también era propietario de varias casas y el pósito. Mantenían, a expensas de los vecinos, a sus dos pobres de solemnidad “que libran su diario sustento en la piedad de quien les trata bien”, sin especificar identidad (Catastro. Respuesta número 36).
            Las propiedades del Ayuntamiento eran: una finca de 1.000 fanegas para pastos, el Monte de la Aldea, poblada de chaparros; una pieza de 190 fanegas en el Monte de las Cotillas o Monte el Cotillo, sembrado de bellota (encinas); los aprovechamientos de El Coto, rastro carnicero, que su suelo es de tierras propiedad de los vecinos de esta villa y la de El Toboso; y la renta (por alquiler) de la almotanería[13].
            El Ayuntamiento estaba obligado a pagar la limosna que se acostumbra a dar al Predicador de Pascua y al cura de la iglesia de esta villa, para las fiestas de Dominicas, cera de la Candelaria... y los salarios del alguacil mayor, del escribano y del papel sellado y blanco que gastaban, el mantenimiento de niños expósitos (si los hubiera), la sal consumida, el sueldo del médico titular, don Gabriel Bru, los pocos gastos que producían los pobres de solemnidad:
Al escribano del Ayuntamiento se le pagan 120 reales; al ministro de la Jurisdicción Ordinaria, 250 reales; a los predicadores de Adviento y Cuaresma, 180 reales; al gran Maestre, por el pedido llamado Yantal, se le satisfacen 70 reales y 20 maravedíes[14].
            El Concejo tenía también una serie de deudas o hipotecas, no muy elevadas, cuatro censos consignativos cargados sobre sus vecinos: “Uno cuyo principal es de 2.941 reales y 6 maravedíes, a favor del bachiller Ramón Ortiz, presbítero que fue de la villa de El Toboso. Y por él se satisfacen, en cada año, a don Agustín Arias Ortiz, también vecino de aquella villa, su proveedor, a razón de un 3 por ciento, 88 reales y 7 maravedíes” (respuesta nº 26).
            El segundo censo o préstamo “de quien también es proveedor el dicho don Agustín Arias, es su principal de 10.382 reales; y por él se le satisfacen, a razón del 3 por ciento, 111 reales y 15 maravedíes en cada un año, también impuesto con Facultad Real a efecto de redimir a otros dos correos que tenía, para evitar salarios de electores”.
            Los otros dos préstamos del Ayuntamiento, sin especificar las cantidades, estaban a favor de Gerónima de la Torre y Vela que, “de hoy de ambos, es poseedor el Convento de religiosas Franciscanas de la villa de Alcázar, en el que se nomina San Joseph, por ellos, y sus principales redimibles, les paga el Concejo, a razón de un 3 por ciento, 132 reales en cada un año, impuestos con Real Permiso y las cantidades de sus principales vinieron para asistir a su Majestad en las Guerras de Italia y para la compra de trigo, para el mantenimiento del pósito y pueblo”. De los cuatro censos o préstamos debían, por razón de quintos atrasados (una quinta parte de la deuda), 2.358 reales y 5 maravedíes “al expresado don Agustín Arias Ortiz”.
VIDA COTIDIANA.- La sociedad española, a mediados del XVIII, estaba muy estratificada, muy separada por clases o castas sociales: de la nobleza a los vasallos, con sus capas intermedias; sin olvidarnos de los clérigos, con sus altos dignatarios e inquisidores al servicio de la nobleza, controlando y explotando a los vasallos; de los mandos militares, también de la nobleza, con vasallos como soldados de obligada recluta para carne de cañón, para defender las tierras de sus amos; de los “burgueses”, agrupados en oficios; de los vasallos, mano de obra carente de propiedades o recursos…
Las diferencias eran mucho más acusadas y visibles en el medio rural que en el medio urbano. Los papeles de hombres y mujeres eran muy diferentes: dominaba el mayor machismo imaginable, separado por clases sociales: una mujer de la nobleza era mucho más importante que un hombre del estado seglar. Los modos de vida eran distintos para cada clase social.
            La vida cotidiana era la que era: los agricultores asalariados, trabajaban de sol a sol para sus amos; los nobles, con sus propios horarios y costumbres, controlaban gran parte de la producción: se beneficiaban del trabajo de los braceros; el clero, controlaba económicamente la otra parte de la producción y velaba por el sometimiento social, a través de la religión, y control de los vasallos. La sociedad estaba compartimentada en castas: nobles, hidalgos e hijosdalgos (nobles de segunda categoría), clérigos de mayor o menor rango, y vasallos. Un conjunto de poderosas familias, desde el siglo XIV, se repartían los poderes reales, instalándose en la nobleza, clero y ejército. Tenían todo en sus manos, impidiendo la modernización de España: sus privilegios les eran más importantes. Primaba más el interés de unos pocos frente a los intereses generales del país.
            Miguel Esteban era una villa agrícola, con su correspondiente ganadería lanar, propia de La Mancha. Se relacionaba económicamente con El Toboso y Alcázar de San Juan (los préstamos de los terratenientes procedían mayoritariamente de esas dos poblaciones). Y como la mayoría de los pueblos de la comarca, trataban de auto-abastecerse: producía cereales y legumbres, elaboraba vinos; tenían en el gorrino, animal imprescindible para el sustento, para las precarias economías familiares. Las ferias servían para abastecerse de cacharros de alfarería y cerámica y otros utensilios domésticos o de faenas agrícolas. También estaban los arrieros para transportar mercancías: trigo y vino a Madrid, a través del Camino Real Toledo-Valencia.
Las necesidades de los vecinos de proveerse de cacharrería para usos domésticos, se cubrían con piezas (cántaros y cántaras, tinajas de pequeño tamaño) que los feriantes llevaban desde La Mota del Cuervo[15], población próxima a Miguel Esteban, y Priego[16] (actualmente en la provincia de Cuenca). Las grandes piezas de bodega para contener mosto hasta que se transforma en vino, las tinajas de hasta 200 – 500 arrobas las adquirían en Villarrobledo (actual Albacete) o Colmenar de Oreja (actual Madrid).
            Los vecinos de Miguel Esteban no disponían de taberna alguna, donde surtirse de vino: se abastecían en las bodegas, de sus propias cosechas o de participaciones o comprando el vino a otros vecinos. Sólo tenían un mesón, propiedad del Comisario-inquisidor, Cristóbal Muñoz Novillo, que lo arrendaba por 400 reales año. El mesón debía ser el punto de salida y llegada de los arrieros, punto de encuentro: llevaban y traían noticias (al margen de las noticias que pudieran llevar los nobles al regreso de sus desplazamientos hacia Toledo, Belmonte, Ocaña, Madrid…).
            En Miguel Esteban, con sus castas sociales perfectamente delimitadas, el trabajo respondía a distintos parámetros: no trabajaban igual los curas y sacristanes, los nobles, el médico, el preceptor de Gramática, el barbero-sangrador, los arrieros, los artesanos (albañiles, tejedores de paño, zapateros…), los mayorales, los zagales… su función era otra, como sus horarios.
SUELDOS POR OFICIOS.- Ver y comparar los rendimientos anuales de los distintos oficios, nos sitúa ante una sociedad realmente pintoresca a nuestros ojos; y muy desigual y desequilibrada laboral y socialmente. Los dos oficios que mayor rendimiento económico reportaban eran los de médico y arriero o trajinante. El de estanquero, para vender tabaco, era por concesión: rendía 350 reales por año. Los de barbero y sangrador debían ser de gran utilidad: rendían 2.000 reales de vellón por año.
Resulta también penoso comprobar que el oficio de menor rendimiento económico era el de menestral de niños, o enseñante de niños en oficios mecánicos; por ser menestral la “persona que gana de comer en un oficio mecánico”: 200 reales por año. Indica la poca importancia que le daban a la enseñanza, en su concepto de educación. Hasta la mesonera tenía mejor sueldo, más del doble: 500 reales.
Los labradores ganaban poco más que la mitad del médico… Es de anotar que no está reseñado el oficio de aguador, cuando en las casas no disponían de agua potable. Las casas disponían de pozo, normalmente de agua salobre: no servía para el consumo humano o animal. Se utilizaba para fregar, para regar… El aljibe era un pozo alimentado con agua de lluvia desde los canalones del tejado. En la villa de Miguel Esteban no había fuente pública alguna o abrevadero, dentro del pueblo, donde abastecerse de agua potable.
En el catastro no está reseñado el oficio de aguardentero, posiblemente por su estacionalidad: “Una caldera de aguardiente, propia de Francisco Mora, la cual trabajando solamente en temporada de la vendimia, y en la casa que se queda en las tinajas al tiempo del trasiego. Su utilidad, bajo cómputo de un quinquenio regular por año, en 100 reales” (Respuesta 17. Último párrafo).
La tabla de sueldos, con sus rendimientos anuales nos informa de la distinta valoración que tenían unas y otras dedicaciones laborales:

Médico                                                                                                2.200 reales / año
Preceptor de Gramática                                                                  1.100 reales / año
Estanquero, barbero y sangrador                                                  2.350 reales / año
Escribano público                                                                                300 reales / año
Fiel de pesos                                                                                         300 reales / año
Sacristán mayor                                                                                    733 reales / año
Menestral de niños                                                                              200 reales / año
Tendero                                                                                                1.100 reales /año
Arriero                                                                                                 2.500 reales / año
Mesonera                                                                                               500 reales / año
Labradores de mayor y menor (4 reales / día)                           1.200 reales / año[17]
Ayudadores de labor de mulas (4 reales / día)                           1.200 reales / año
Herrero (6 reales / día)                                                                     1.800 reales / año
Albañil (5 reales / día)                                                                      1.500 reales / año
Tejedor de paño (5 reales / día)                                                     1.500 reales / año
Zapatero (5 reales /día)                                                                   1.500 reales / año
Pastor mayoral (3 reales /día)                                                        1.095 reales / año

La villa de Miguel Esteban tenía un conjunto de profesionales, más o menos cualificados, ocupados en los más diferentes menesteres y oficios. Obtenían unos rendimientos económicos, precisos y predeterminados:
            Gabriel Bru, médico titular, pagado por el Ayuntamiento. Cobraba al año 2.200 reales. ¿Atendía a los pobres de solemnidad?
Pedro Velasco, de 37 años, casado, con cuatro hijos. Era el preceptor de Gramática. Cobraba al año 1.100 reales (la mitad que el médico).
Tiburcio Morales, estanquero de tabaco, por menor; y barbero sangrador en casa de su padre. Por tal estanquero cobraba la cantidad de 350 reales; y por sangrador y barbero, 2.000 reales. En total ganaba más que el médico: 2.300 reales (Respuesta nº 32).
            Cristóbal Pérez, escribano público en otra villa, cobraba 300 reales; más 70 reales por ejercer de notario.
            Joseph García, como fiel de pesos del Ayuntamiento y notario cobraba 360 reales. El oficio de almotacén o inspector de abastos, hoy muy cotizado, no parecía muy valorado.
            Mathías Abad era el sacristán mayor: “es regulada su utilidad en 733 reales y 12 maravedíes”. El sacristán menor era Pedro Morales, de 31 años, casado. Tenía dos hijos.
            El maestro alarife o maestro albañil era Manuel Puente, hijo, de 41 años. Estaba casado y tenía dos hijos menores. Vivía en la calle del Pozo Nuevo, en una casa de 16 por 23 varas (unos 350 metros cuadrados de planta: una superficie media bastante adecuada para cuatro personas, o un matrimonio de con dos hijos). Sus “propiedades” se limitaban a una tierra de 3 celemines y una viña de una fanega (1.000 vides).
            Los tres maestros zapateros eran los hermanos Manuel y Sebastián Lozano y Francisco Serrano. Los Libros aportan muy pocos datos: Manuel Lozano tenía 40 años. Sebastián Lozano tenía 26 años y estaba casado. Francisco Serrano, de 36 años, estaba casado y tenía tres hijos menores.
            Aunque en distintos libros se indica que en Miguel Esteban no había panaderías, Manuel Ramírez está reseñado como panadero. Tenía 43 años y tres hijos. Vivía en la calle del Pozo Nuevo, en una casa de 4 varas de frente por 3 de fondo. Los molineros de harina eran Andrés de Cámaras y Cristóbal Luis Fernández Casero.
Tomás de Lara  era maestral de niños. Cobraba por su trabajo 220 reales al año… Hay que especificar que un maestral es una persona que vive del ejercicio de un oficio mecánico. El “maestral de niños” sería la persona que enseña algún oficio mecánico a los niños.
            Pedro de Lara era el tendero de especias, fruta seca, aceite, pescado y demás comestibles para uso humano: tiene de utilidad y le regulan, en cada un año, como a tal tendero por su agencia y trabajo, y satisfecha la cantidad que da por el arrendamiento de la tienda, 1.100 reales (respuesta nº 32).
            Joseph Taravillo era el trajinante principal, arriero de conducir vino. Tenía 5 borricos y 2 machos. Su oficio era mucho más rentable que el de médico. Su utilidad mínima anual estaba establecida en 2.500 reales. Juan de Esquinas era el segundo de los tres arrieros. Disponía de dos caballerías menores (borricos). Se dedicaba a la cerámica y al esparto. Tenían regulada su utilidad mínima anual en 400 reales. Vicente González, de 36 años, casado, era el tercer arriero.
            Ana Sáez era la mesonera. Obtenía una utilidad anual de 500 reales. El mesón era propiedad del comisario inquisidor: “el cual arrendado en cada un año consideran le vale, con la utilidad del estiércol, 400 reales de vellón” (respuesta nº 29 del Interrogatorio).
            La carretería donde fabricaban los imprescindibles carros, estaba a cargo de Juan Jiménez de Pablo, de 25 años, casado. Tenía una hija de 4 años y vivía en la calle del Pozo Nuevo, de reducidas dimensiones: 14 varas de frente por 12 varas de fondo (168 metros cuadrados de planta).
EL MESÓN.- En Miguel Esteban mandaban: el alcalde de la nobleza, Francisco Martínez Espinal, gran terrateniente, junto con su hijo del mismo nombre, también noble; el comisario inquisidor, Cristóbal Muñoz Novillo, también terrateniente, posiblemente acompañado de sus ayudantes en el Santo Oficio; el teniente cura-párroco, Juan Muñoz Ortiz; el resto de nobles, con posesiones, Pedro Miguel Luján, Fernando Contreras, los Garay; y los grandes terratenientes del estado seglar. Lo normal es que se reunieran en el mesón, un sorprendente local alargado: Su vivienda baja, a suelo cuadrado y sola teja, tiene de frente 4 varas. De fondo 34 varas. La habita. Se reguló su alquiler en 300 reales. Linda por todas partes con otra (vivienda) de Alphonso…[18].
El mesón de Miguel Esteban, estaba atendido por Ana Sáez, viuda de Juan Rodríguez, con un hijo de 20 años, ausente[19], propietaria de un jumento, que cobraba por su trabajo 500 reales al año. El mesón era un lugar estratégico. Los que podían traer noticias a Miguel Esteban eran los arrieros de la localidad y los de paso hacia Campo de Criptana o Quintanar, hacia El Toboso, Pedro Muñoz o La Puebla de Almoradiel… y los terratenientes, cuando regresaban a la villa tras sus desplazamientos por negocios (incluido la petición de préstamos) y otros asuntos a Madrid, Toledo, Belmonte, Ocaña, Alcázar de San Juan… En el mesón, situado en la calle Real, no muy lejos del Ayuntamiento, podían contrastar informaciones sobre cualquier suceso que les afectara social o políticamente.
LA PROPIEDAD DE LOS MOLINOS.- En Miguel Esteban hubo hasta cinco molinos de viento, situados en las proximidades de la villa, junto al camino que llevaba a La Puebla de Almoradiel. Dos de los molinos eran propiedad de Cristóbal Muñoz Novillo, comisario-inquisidor, gran terrateniente de la zona. Uno de sus ingenios “Tiene de fondo 6 varas[20], altitud 7. Linda con eras del otro y eras de doña María Muñoz y quiñón de la iglesia. Se reguló su producto anual en cinco ducados[21].
En el Catastro se puede leer: “A esta pregunta (número 17) respondieron que en el Término de la villa se hallan situados 4 molinos harineros de viento, corrientes, uno de agua y una cuarta parte de otro (molino) [...] Tres de los otros (molinos) de viento, de don Cristóbal Muñoz Novillo, presbítero, Comisario del Santo Oficio, los dos situados en el Altillo de San Cristóbal, a distancia de 400 pasos, y el uno a la mano derecha, como se va por el Camino de la Puebla de Almoradiel, y a la misma distancia de la población que los antecedentes. Otro (molino) de don Pedro Garay Villaseñor, situado en el mismo Altillo de San Cristóbal y con la misma distancia. Y cada uno de los cuatro regulan merece en arrendamiento y utiliza a su dueño en cada un año, 20 fanegas de trigo [...] Una cuarta parte de otro (molino), propia de Juan Francisco López Villaseñor, y las otras tres partes son de la marquesa de Lugo, vecina de Granada, y de Alphonso Novillo Casas, vecino de La Puebla de Almoradiel”[22].
Otro de los molinos era de Francisco Martínez Espinal, alcalde de la villa por la nobleza, gran terrateniente: “Un molino de viento harinero, en el sitio de la ermita de Santa Ana, dista de la villa 30 pasos, en que por hallarse no corriente al presente, no se le reguló cosa alguna”. Los otros dos molinos eran propiedad de Alphonso Muñoz y Pedro Garay (también de la nobleza). El molino del alcalde tenía 24 varas de circunferencia y 4 varas de alto (unos tres metros de altura, más el cono o tejado de la tercera planta: quizá sólo tuviera dos plantas). Era un molino bajo, en relación con los otros: 6 varas de fondo y 7 de altura.

DE MELLADO AL DICCIONARIO DE MADOZ
El artículo más antiguo sobre Miguel Esteban, de mediados del siglo XIX, está en el volumen España geográfica, histórica, estadística y pintoresca, de Francisco de Paula Mellado (Editorial Mellado. Madrid, 1845), obra de 949 páginas numeradas, más 11 láminas y 1 gran mapa plegado. Se incluye Miguel Esteban, como Miguelestéban, bajo la jurisdicción de Quintanar. El texto dice:
“QUINTANAR DE LA ORDEN: Villa situada a 14 leguas de Toledo, en terreno llano en el Camino Real de Madrid a Valencia. Es de moderna fundación. Tiene un sitio de recreo llamado El Baño[23], en donde hay uno bueno y capaz destinado para caballerías. Consta de 1.419 vecinos y 5.974 habitantes. Pertenece a la diócesis de Toledo en el priorato de Uclés y al partido judicial de su nombre, que es de ascenso, y comprende los nueve pueblos de Cabezamesada, Corral de Almaguer, Miguelestéban, Puebla de Almoradiel, Puebla de don Fadrique, Quero, Quintanar de la Orden, Toboso y Villanueva de Alcardete. Tiene administración de tabacos, una parroquia, un pósito y un hospital[24]. En la quinta de 1844 entraron en suerte 260 jóvenes de 18 a 24 años. Pagó de contribución 43.289 reales y cosecha al año común 17.000 fanegas de granos y legumbres, 11.000 arrobas de vino, 400 libras de azafrán y 400 arrobas de aceite, que con los frutos menores producen 652.000 reales. Hay fábricas de jabón, colchas y cobertores de lana, tintes, batanes y granjería de ganado lanar y arriería”.


 El Diccionario geográfico-estadístico de España y provincias de ultramar de Pascual Madoz, importante obra publicada en 1848, aporta datos interesantes: “Villa con ayuntamiento en la provincia de Toledo (14 leg), partido judicial del Quintanar de la Orden (1), diócesis de Uclés (7), audiencia territorial de Madrid (18), c. g. de Castilla la Nueva, situado en una llanura algo elevada con relación a sus inmediaciones; es de clima templado, reinan los vientos Este y Oeste, y se padecen tercianas[25]: tiene 400 casas, todas de piso bajo y mal distribuidas. La del Ayuntamiento, que es el mejor edificio del pueblo, en el cual se encuentra el reloj de la villa, (está la) cárcel; escuela de niños dotada con 1.800 reales de los fondos públicos y asisten 60 (niños); otra de niñas, privada en la que se educan de 20 a 30 (niñas). Iglesia parroquial dedicada a San Andrés, con curato[26] de ascenso y provisión de S. M. a propuesta del Tribunal Especial de las Órdenes Militares, como perteneciente a la de Santiago: a su inmediación al Este se conserva un arco llamado el Torreón de fábrica antiquísima, y en las afueras 2 ermitas arruinadas, denominadas de Santa Ana y San Sebastián. Se surte de aguas de pozo generalmente salobres y poco gratas. Y al pie de la población se forma un arroyo de acogida que sirve de abrevadero.
            Confina el término al Norte con el de La Puebla de Almoradiel y Quintanar; Este, con El Toboso; Sur, con Pedro Muñoz, Campo de Criptana y Alcázar de San Juan (Ciudad Real); Oeste, Quero, a distancias de 1 a 2 leguas y comprende el casón llamado Villaviciosa o del Arroyo, el cual se compone de 100 huertas con sus casas a 1 legua de la villa[27], forma una verdadera aldea; otras huertas esparcidas en diferentes puntos, la que fue Encomienda de Miravel, vendida por la Nación (¿Estado, Gobierno?), cuyo terreno aunque corto, era monte y hoy está reducido a tierra labrantía; otro monte también pequeño que se llama Monte de la Aldea, sin mateado[28] alguno desde la guerra de la Independencia, el cual está distribuido para labor al vecindario, satisfaciendo un canon a los propios, a cuyos fondos pertenecía; y otro también despoblado, llamado El Cotillo.
            El terreno es llano, de muy buena calidad y todo de secano. Los caminos vecinales, en estado regular. El correo se recibe en Belmonte por balijero[29] 3 veces a la semana. PRODUCCIÓN: trigo, cebada, centeno, escaña[30], avena, garbanzos, titos, barrilla[31], vino y hortalizas, todo con abundancia. Se mantiene el ganado lanar fino y el mular de las labores, y se cría caza menor.
INDUSTRIA Y COMERCIO.- 4 telares de paños del país; 4 molinos de viento; se extraen (exportan o venden) granos y vinos a los pueblos inmediatos y a Madrid. Población oficial: 262 vecinos, 1.310 almas; pero nuestros datos particulares (no especificados, ni las fuentes: las razones de hinchar artificialmente la población debían ser otras) señalan 480 vecinos, 2.200 almas. CAP. PROD.: 880.000 reales. IMP.: 36.200. CONTR., según el cálculo oficial de la provincia 74,48 por ciento. Presupuesto municipal: 16.703 del que se pagan 2.200 al secretario por su dotación y se cubre con productos de los pastos, fincas de propios y repartimiento vecinal.
            Quieren algunos que este pueblo sea la antigua Alcés; pero nosotros, con mejores datos[32], hemos sentado la correspondencia de esta ciudad en Alcázar de San Juan”.
            El artículo de la Enciclopedia Madoz aporta información desconocida, que implica cambios importantes: en unos primeros “momentos” el pueblo de Miguel Esteban depende de la diócesis de Uclés y de Belmonte[33], desde donde les llevan el Correo. Abunda esa dependencia conquense con el hecho contrastado de la utilización de alfarería y cerámica de Mota del Cuervo (cántaros y tinajas, para el trasiego y almacenamiento de agua) y Priego (hay aguardenteras encontradas al hacer obras de remodelación de las casas).
            En el artículo de Madoz se citan lugares próximos al pueblo, que son desconocidos incluso para bastantes migueletes. Hay que especificar, además, que indican hasta 100 huertas con sus casas, en el Casón de Villaviciosa, a una legua de distancia (5,572 kilómetros), sin señalar en qué dirección. Los lugares son:
                        – Casón de Villaviciosa o Casón del Arroyo.
                        – Encomienda de Mirabel
                        – Monte de la Aldea
                        – Monte el Cotillo.
            En cartografía actual, del Servicio Geográfico del Ejército, escala 1:50.000, aparece el Casón de Villaviciosa, en un área formada entre las carreteras que llevan a Quero y Alcázar de San Juan, en lo que sería el Suroeste. En la hoja cartográfica número 688 se advierten un nutrido grupo de señales que indican la presencia de casas agrupadas y pozos: coincide, más o menos, con el número de casas que se citan en el Madoz. Desde esa zona, hay dos caminos vecinales que conducen a Miguel Esteban, uno de ellos con el nombre del Camino del Villar del Moro, que enlaza con Camino del Pozo. En la misma hoja aparece también un lugar con el nombre de Pozo Mirabel: se llega siguiendo un camino vecinal, antes de llegar al Cementerio Municipal. Es de suponer que cerca estaba la llamada Encomienda de Mirabel.




[1] ¿No será la Alces o Alcés que tanto citan los obsesionados historiadores locales?
[2] Medio cuarto de legua equivale a 696,5 metros (1 legua son 5.572 metros. ½ legua son 2.786 metros. ¼ de legua son 1.393 metros y ½ cuarto de legua son 696,5 metros).
[3] En la ficha nº 136 de Libro Maestro, correspondiente a Agustín Phelipe, mayor (padre), se relaciona: “Otra pieza de 10 celemines en el sitio éjidos (egidos) extramuros de esta población”.
[4] Hay pueblos, como Yepes, también en La Mancha, que conserva una buena parte de su estructura defensiva, una gran parte de su muralla. Incluso en El Toboso hay restos de su muralla.
[5] Reseñado en las entradas o asientos números 1 al 40. En el número 41 los escribanos a son más explícitos. Añaden: “Patio, cueva, caballeriza, pajar...”. Los elementos más comunes de las casas.
[6] Es sorprendente no ver registrado el oficio de aguador. Las casas disponían de pozo, aunque su agua normalmente no era potable. Esa agua se destinaba a otros usos.
[7] Ficha o asiento número 81: “... con patio y un cuarto jaraíz”. Sorprende además que su propietario, Francisco Mathías Abad, sólo sea propietario de una viña de una fanega y un celemín, con 1.100 vides. Un jaraíz para tan poca uva nos hace pensar que lo destinara para dar servicio a otros vinicultores.
[8] Entrada número 56. Casa de Victoriano Fernández de Mora, en su casa de la Plaza (del Ayuntamiento). También tiene bodega Cristóbal Pérez (entrada o ficha número 62. Libro Maestro, volumen 1)
[9] “El 95 por ciento de los lugares averiguados eran pequeñas villas o aldeas, con un centenar o menos de vecinos...” Concepción Camarero Bullón. Art. “Averiguarlo todo de todos....” Revista de Estudios Geográficos. Nº 248-249. Página 514.
[10] Para calcular la población de aquella época, hay que multiplicar el número de cabezas de casa por 3,8. La cifra que obtenemos en Miguel Esteban nos da 866 habitantes. Creemos que existía más población, al no registrarse en el Catastro los braceros que nada poseían.
[11] Todos los datos, pormenorizados, están registrados en el Libro Maestro y en el Libro del Personal y Vecindario, del Catastro de Ensenada, conservado en el A. H. Provincial de Toledo. Las signaturas son H-391, H-392 y H-393. Las posesiones del clero se detallan en el libro con la signatura H-1793.
[12] Según consta y se puede leer en la respuesta número 25 del Interrogatorio del Catastro.
[13] Almotacén: funcionario encargado de contrastar las pesas y medidas. Está claro que el cargo se compraba temporalmente.
[14] Datos sacados de la Respuesta número 25 del Interrogatorio del Catastro de Ensenada.
[15] Es curioso: no se conocen botijos típicos de esta población, aunque se han utilizado siempre. Es un dato a investigar.
[16] Toda la cerámica antigua que se ha conservado en las casas, o han aparecido en obras de remodelación, son de esas dos poblaciones conquenses.
[17] El cálculo lo hacemos sobre 300 días al año. Suponemos, para labradores, ayudantes de labor de mulas, albañiles, herreros, zapateros... que los domingos y determinadas fiestas locales no trabajaban. Los pastores serían un caso aparte.
[18] Entrada o asiento número 202 del Libro del Personal y Vezindario de la villa de Miguel Esteban, perteneciente del Estado secular. Provincia de La Mancha.
[19] En el Libro del Vecindario no aportan más datos: sólo reseñan “ausente”. No sabemos si se debía a emigración, ejército, cárcel…
[20] La vara castellana equivalía a 83,59 centímetros.
[21] Del Catastro de Ensenada, que se hizo en Miguel Esteban en 1752. Del Quaderno y medición y reconocimiento de casas y artefactos. Originales conservados en el Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signaturas H-391 y H-393.
[22] Respuesta literal, actualizada. Libro con la signatura H-391, conservado en el Archivo Histórico Provincial de Toledo.
[23] No localizado. Es el único autor que lo cita.
[24] Está claro que el autor ha utilizado fuentes antiguas, posiblemente las Relaciones Topográficas. Pero no ha hecho el esfuerzo de actualizarlas.
[25] Del latín tertiána. Calentura, fiebre intermitente que repite al tercer día.
[26] Territorio que está bajo la jurisdicción espiritual del cura párroco.
[27] No especifica dónde, ni en qué dirección. Hay que suponer que entre las carreteras de Quero y Alcázar de San Juan, en un área al suroeste. Quintanar y El Toboso están a una legua.
[28] Matear: sembrar las simientes o plantar las matas a cierta distancia unas de otras. En este caso, sembrado.
[29] Literal: suponemos que se debe interpretar como transportado en sacas.
[30] También escanda. Planta gramínea, llamada también escaña (triticum spelta). Es semejante al trigo, pero de paja dura y corta, grano muy unido al cascabillo.
[31] Planta salsonácea, ramosa, empinada, con tallos lampiños, hojas blanquecinas y puntiagudas pero no espinosas y flores de color verduzco. Crece en terrenos salados. Sus cenizas son muy ricas en carbonato sódico. Se utiliza para fabricar sosa cáustica.
[32] No los aportan. Hay que suponer, por tanto, que son pura invención.
[33] Está más alejado de Madrid que Miguel Esteban. Se localiza al noreste de Mota del Cuervo, a unos 40 kilómetros de Miguel Esteban.

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