lunes, 17 de marzo de 2014

EL 11-M DIEZ AÑOS DESPUÉS. LA PRENSA ANTE LOS GRANDES ATENTADOS





En el mayor atentado terrorista contra civiles, registrado en Nueva York (Estados Unidos de Norteamérica), el 11 de septiembre del 2001, cuando dos aviones de pasajeros fueron estrellados contra las torres gemelas, las más alta de la ciudad, la Prensa norteamericana no quiso los ciudadanos vieran una sola imagen de las víctimas: sin que nadie se lo pidiera, o quizá en nombre de una parte de sus lectores a los que determinadas imágenes hieren su sensibilidad, asumió el control de las fotografías, para supuestamente proteger a la población. Se les negaba la visión de ciertas escenas de la realidad más brutal para, según esa Prensa, no herir sensibilidades y evitarles sufrimientos o estados emocionales traumáticos.
            El 16 de marzo del año 2003, se produjo la llamada Cumbre de las Azores, en la que participaron el presidente estadounidense George W. Bush; Tony Blair, presidente del gobierno británico; José María Aznar, presidente del gobierno español; y el portugués José Manuel Durao Barroso… Los señores Blair, Aznar y Durao Barroso recibieron después importantes prebendas internacional, quizá como recompensa a su apoyo a la intervención militar norteamericana. Aquella cumbre fue el pórtico a la ilegal invasión de Iraq, no autorizada por la ONU, realizada entre el 20 de marzo y el 1 de mayo del 2003, a partir de la gran mentira de la posesión de armas de destrucción masiva en poder de Sadam Hussein, dictador en Iraq. Y pudimos ver todo un espectáculo de muerte y destrucción, quizá porque las víctimas no eran occidentales. No se ahorraron imágenes de aquel horror: ¿los bombardeos selectivos de la aviación norteamericana, no hería la sensibilidad de esos lectores que escriben cartas de protesta a los periódicos?
El atentado del 11-M en Madrid, España, el jueves 11 de marzo del 2004, hace ahora diez años, dejó a la sociedad española conmocionada, traumatizada: 191 muertos y miles de heridos, físicos y psíquicos. El fanatismo islamista utilizó la excusa de la guerra de Iraq, proporcionada por José María Aznar, para atentar contra el pueblo de Madrid, que había rechazado abiertamente la guerra en múltiples manifestaciones. Una de las fotografías hechas en aquel escenario bélico, junto al Polideportivo de la calle Téllez, permitió ver la realidad y esencia terrorismo: muerte y destrucción, nada más. Pero en esa misma fotografía, bien analizada, se pudo y se puede ver vida y solidaridad: unos ayudaban a otros para salir de aquel escenario de guerra.
Sobre las secuelas del atentado del 11-M, una década después, mis reflexiones se resumen en distintas preguntas, con diferentes respuestas: ¿debemos vivir en duelo permanente, atrapados en un sufrimiento estéril que nos impide analizar las contradicciones de nuestra sociedad; o debemos vivir pausados, sin olvidar a las víctimas, atentos a decisiones políticas que nos pueden condicionar la vida y originar catástrofes o destrucción de países? En la visión individual sobre los efectos en cada víctima, con nombres y apellidos, sé perfectamente que hay casos de imposible recuperación social; personas que jamás superarán la pérdida de un padre, de hijo, de un hermano, de un amigo. El atentado del 11-M les ha dejado secuelas psicológicas que marcarán negativamente el resto de su vida, pero esos casos no deben condicionar la recuperación del mayor número posible de víctimas y su integración total en la sociedad. Casi diría que trabajar por la recuperación social y psicológica de las víctimas es una obligación. No se puede vivir en un estado permanente de duelo, asustados, aferrados al dolor.
            El 7 de julio del año 2005 los islamistas atentaron en Londres, en el Metro y contra un autobús. Hubo 56 víctimas mortales y 700 heridos. Era la respuesta islamista por el apoyo del seudo-socialista Tony Blair a la invasión de Iraq, no autorizada por la ONU. Las autoridades inglesas y la Prensa impidieron ver las imágenes de aquel horror. Los ciudadanos una vez más fueron manejados como asustados adolescentes a los que había que proteger, negándoles las instantáneas del atentado islamista. ¿Qué derecho tiene la Prensa a ocultar la realidad en sus aspectos más traumáticos?
Negar o disfrazar la realidad es un método que los norteamericanos vienen usando desde que aquellas fotografías de la guerra de Vietnam pusieron a la mayoría de la sociedad contra la guerra. Para evitar el rechazo a esas decisiones políticas que provocan guerras y terrorismos, los gobiernos se afanan en convencer a los ciudadanos de la necesidad de evitar imágenes traumáticas, para impedir que los ciudadanos choquen con la realidad, abran los ojos y reflexionen sobre la realidad de la vida, o sobre las oscuras decisiones de los políticos muy atentos a sus intereses de casta (han logrado conformar una casta social con apariencia democrática). Y cuando los medios de información esconden imágenes a los ciudadanos, para supuestamente no herir sensibilidades, manipulan con descaro la realidad y atentan contra la democracia. Pretender justificarse en el sufrimiento que las imágenes de actos terroristas provocan en las personas es una burda falacia: el sufrimiento forma parte de la condición humana. Insistir en este punto es tan cansado como demostrar lo obvio.
En las sociedades democráticas occidentales, lo normal sería tratar a los ciudadanos como personas adultas y ofrecer la realidad tal y como es, sin tapujos o manipulaciones, (la objetividad existe: los muertos están ahí, con nombres y apellidos. Otra cosa son las manipulaciones posteriores, de algún enfermo mental, fabricando delirantes conspiraciones de cercanos autores intelectuales). Los ciudadanos deberíamos tener derecho a ver el terror tal y como es, en su máxima brutalidad, sin que se obligue a nadie a mirar: ¿acaso los que miran al horror de frente y reflexionan sobre los terrorismos, sobre oscuras decisiones políticas que provocan guerras, son menos sensibles que aquellos otros que cierran los ojos y/o lloran con amargura ante las brutales imágenes de cuerpos destrozados? ¿Únicamente son sensibles al horror del terror los que cierran los ojos y se niegan a ver fotografías? El horror de las guerras no es algo nuevo. Si se echa un vistazo a “Los desastres de la guerra” (1810-1815), grabados de Goya –un hombre lúcido de su época, un ilustrado forzado a abandonar España–, que describen con toda crudeza la guerra de los españoles contra la invasión napoleónica, se advierte hasta qué punto el hombre se puede transformar en un monstruo de negras entrañas entregado a los mayores actos barbarie.
Ver la cruda realidad desmonta la realidad oficial que los gobiernos quieren imponernos, porque el terrorismo no está sólo en “ellos” frente a “nosotros”; el sufrimiento no está sólo en “nosotros”, nuestra sociedad, ni mucho menos; ni somos más sensibles que “ellos”, por muchas lágrimas que derramemos. Basta con echar unas miradas a lo que queda o han dejado de Iraq, o a lo que está pasando en Siria. El resto es pura hipocresía maniqueísta, muy propia de las sociedades occidentales: buenos frente a malos. ¿Somos “nosotros” los buenos y son “ellos” los malos?
La Prensa occidental y su paternalismo de baratillo, cuando nos oculta la realidad nos trata como adolescentes, debilitando las estructuras de las sociedades democráticas. ¿En nombre de qué o de quién hay que proteger a los ciudadanos de la realidad? Está claro que no hay que proteger a los ciudadanos censurando fotografías: hay que proteger a la sociedad de los terrorismos, en cualquiera de sus formas.

Pablo Torres
Premio Ortega y Gasset de Periodismo Gráfico 2005.

domingo, 16 de marzo de 2014

“EL ATENTADO DEL 11-M DIEZ AÑOS DESPUES”



Exposición fotográfica en la Escuela de Fotografía EFTI, de Madrid, donde se muestran 34 fotografías de Pablo Torres, hechas en el escenario donde fue atacado el tren (junto al polideportivo de Téllez), más otras imágenes obtenidas en Atocha en días posteriores, y a distintos supervivientes y héroes de aquella jornada.

Perdió el tren porque al comprar el periódico, estuvo hablando unos minutos con Loli la quiosquera. Y se subió al siguiente tren que debía llevarle hasta Atocha, para allí enlazar con el Metro y llegar hasta su trabajo. Pero el tren, de la línea de Parla, no llegó a Atocha: se detuvo a unos veinte metros de otro tren. Pablo Torres vio desde el interior de su tren que aquel otro tren tenía el techo reventado. Pensó que algún accidente había provocado la caída de la catenaria (alta tensión) y que era la causa de la parada.
    Era jueves 11 de marzo del año 2004. En poco más de un minuto Pablo Torres pasó de ir leyendo tranquilamente el periódico a estar en un escenario de guerra. Porque se encontró ante todo un tren de cercanías que había sido atacado por el terrorismo, la peor cara del fanatismo político-religioso. El tren tenía tres o cuatro enormes boquetes y junto a las vías estaban los heridos, atendidos por otros viajeros, en espera de que llegaran los servicios médicos de urgencia para rescatarles. En el interior del tren se amontonaban las víctimas mortales, en el interior del Polideportivo de Téllez se improvisó un hospital de campaña para atender a las decenas y decenas de heridos. 
    En aquel escenario de guerra el periodista y fotógrafo Pablo Torres pudo captar el horror del atentado terrorista. Entre las más de sesenta fotografías que hizo, una fue portada en el diario El País y en la prensa mundial. Esa imagen le valió, un año después, el premio Ortega y Gasset de periodismo gráfico.
    En la Escuela de Fotografía EFTI de Madrid (calle Fuenterrabía números 4 y 6) se puede ver hasta el 3 de abril, la exposición fotográfica “EL 11-M DIEZ AÑOS DESPUES”, compuesta de 34 imágenes que se presentan en cuatro apartados. El primero, EL ATENTADO, ofrece 11 imágenes del atentado contra el tren en el que explotaron cuatro bombas cuando circulaba próximo al polideportivo de la calle Téllez, con 5 imágenes inéditas. El segundo, ATOCHA Y OTRAS ESTACIONES, son 5 fotografías que recogen el dolor y el duelo que se expresó a través de miles, quizá cientos de miles de velitas en la Estación de Atocha y otros escenarios. El tercer apartado está dedicado a los SUPERVIVIENTES Y HÉROES (12 fotografías), a todos aquellos voluntarios que de forma generosa y desinteresada ayudaron a los heridos. El último aparatado, TERRORISTAS EN LEGANÉS (6 imágenes) se dedica a las fuerzas de seguridad y cuerpo de Bomberos que tuvieron que actuar tras la inmolación de los islamistas en este pueblo del sur de Madrid.
Pablo Torres ha querido exponer sus fotografías en la EFTI porque entiende que es el sitio ideal: una escuela de fotografía en la que los alumnos pueden ver las imágenes de un hecho histórico. Madrid, los madrileños se merecen ver las imágenes de aquel atentado brutal, sin sensiblerías, acercándose a la realidad sin maquillajes. Porque la exposición, además del público en general, va dirigida tanto a las víctimas, que hayan superado el trauma del atentado; como a los fotógrafos en formación. Pablo Torres busca una reflexión sobre los terrorismos en la sociedad actual, en un mundo donde la violencia, controlada y dirigida, se extiende sin freno: Siria, Iraq, Ucracia, guerrillas en América, distintos países de África...
UN DOCUMENTAL.- La muestra se complementó con la proyección del documental “HISTORIA DE UNA FOTOGRAFÍA”, de Pedro Costa y José Ramón da Cruz, el día 14 de marzo del 2014. En la sinopsis se puede leer: “El testimonio gráfico más sobrecogedor de los atentados del 11-M, la explosión de los “trenes de la muerte”, lo captó casualmente la cámara del fotógrafo Pablo torres. El documental “Historia de una foto” relata la pequeña y cotidiana de cada uno de los hombres y mujeres que aparecen en la fotografía que al día siguiente de la tragedia ocupó la portada de 400 diarios de todo el planeta”.


miércoles, 8 de enero de 2014

MIGUELETES DE AÑIL Y CAL [6]

 Pueblo en La Mancha más árida, Miguel Esteban tiene sus orígenes allá por el siglo XIII, aunque los primeros datos documentados están en las Relaciones Topográficas de Felipe II. Será el marqués de Ensenada, con su Catastro o averiguación, el que ofrecerá todo un conjunto de datos sobre el pueblo que evolucionará al ritmo del país. La división ideológica del pueblo se producirá con la segunda República. Las fuerzas de las derechas más reaccionarias, en unión con la iglesia católica y una facción del ejército, se opondrán con todas sus fuerzas y métodos ilegales contra el nuevo Estado democrático, hasta fomentar y patrocinar un golpe de Estado que llevaría a los españoles a una guerra civil (1936-1939), nunca acabada.

LA SEGUNDA REPÚBLICA EN MIGUEL ESTEBAN

La proclamación de la segunda República, en 1931, marcó el final de la restauración borbónica, un largo periodo de unos 50 años en los que España no evolucionó, anclada en los viejos modelos de producción económica. En ese pe-riodo se perdieron las últimas colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) y se embarcó al país en una guerra en el protectorado de Marruecos, sólo para proteger los negocios particulares de unos pocos nobles.
Proclamación de la segunda República en la Puerta del Sol (Madrid)
 El domingo 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales en España. La inmensa mayoría, el 66,9 por ciento del Censo Electoral que votó, se pronunció abiertamente por la República. Los republicano-socialistas triunfan en 41 de las 50 capitales de provincia, en las cuencas mineras del norte y de Andalucía, en la mayoría de las ciudades de Levante y Cataluña. Son 39.501 concejales republicano-socialistas frente a 34.238 monárquicos o presuntamente monárquicos. Pero no conviene perder de vista algunas triquiñuelas legales: en Madrid capital, sus 952.000 habitantes eligen a 50 concejales, mientras que el resto de la provincia, con 425.000 habitantes, eligen a 1.677 concejales.
    El martes 14 de abril de 1931, después de siete años bajo la Dictadura del general Primo de Rivera, que no fue capaz de resolver ni uno solo de los graves problemas económicos, sociales y estructurales de España –¿Cuándo los militares han arreglado algo en España o en cualquier otro país?–, y tras una mini-dictadura del general Berenguer, con el triunfo electoral de la izquierda en las urnas, se proclama la II República en varias capitales: el Gobierno provisional entra en Gobernación a las 8 de la tarde. El rey Alfonso XIII, monarca protector de los oficiales “africanistas”, siempre al lado de la derecha y del clero, en contra del pueblo, se ve forzado al exilio, vía Cartagena.
LA IZQUIERDA EN MIGUEL ESTEBAN.- Los antecedentes de la izquierda migueleta están en el movimiento obrero y campesino, que se articula alrededor de la Sociedad Obrera El Porvenir, de orientación republicano-socialista, fundada en el otoño de 1918 por Genaro Torres Araque y otros compañeros de ideología socialista. Son los años previos a la dictadura de Primo de Rivera. Hay un documento que lo prueba, un pago:
He recibido quince pesetas de la Sociedad Obrera El Porvenir por material y hechura del rótulo de dicha sociedad. Miguel Esteban 10 de octubre de 1918. Recibí Vicente Puente.
     Hay también una factura expedida por la Imprenta de Benigno Alaminos (Alcázar de san Juan), por valor de 48,90 pesetas, por realizar talonarios, 200 reglamentos, un libro en cuarto y un frasco de tinta. Tiene fecha de 13 de octubre de 1918. La sede o local de la Sociedad Obrera estaba en la calle del Santo, donde se ubicaba el histórico barrio obrero.
    El Partido Socialista Obrero Español lo patrocinan en Miguel Esteban, en 1930, Andrés Lara Lara, Genaro Torres Araque y Eusebio Patiño Férreo, no pasando de una decena el número de afiliados que se componía. Tres años más tarde contaba esta organización con más de 50 afiliados y empiezan las primeras alteraciones del orden público… . También hay que reseñar en 1930 la creación de la Sociedad obrera agrícola El Progreso, que se inició con 69 socios.
      La proclamación de la segunda República se vivió en Miguel Esteban con un júbilo extraordinario, con una explosión de alegría, casi desbordada en las gentes de la izquierda: los rojos, llamados así por ondear banderas rojas, se mani-festaron por la calle principal de la villa, ondeando la  enseña tricolor. Era la respuesta al pernicioso caciquismo secular, a las manipulaciones del clero. Pero hay que señalar que en Miguel Esteban siguieron las derechas en la alcaldía: Tiburcio Puente Torres sería alcalde hasta 1934.
    Durante el periodo republicano, en Miguel Esteban lo más destacable fue la actitud de las derechas, en su calculada estrategia, como movimiento antidemocrático perfectamente organizado: acciones de hostigamiento contra la clase trabajadora politizada (una minoría), de filiación republicano-socialista, con algún que otro comunista (eran muy pocos), para crear agitación política y malestar social. No les daban trabajo, aun cuando resultara perjudicial para sus propios intereses; o cuando les daban trabajo, retrasaban los pagos de las soldadas, sin importarles las necesidades primarias de los jornaleros. Querían desestabilizar políticamente el país, pueblo a pueblo.
    En Miguel Esteban, entre la proclamación de la segunda República, el 14 de abril de 1931; y el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, hubo cuatro alcaldes: Tiburcio Puente Torres (1931-1934), Ángel Boga López (1934-35), Julián Casas Yébenes, “Rondilla” (enero-febrero de 1936) y Genaro Torres Araque (a partir del 20 de febrero de 1936). El periodo republicano en Miguel Esteban (1931-36), de cinco años, previo a la Guerra Civil, no fue muy conflictivo por la indiferencia de la mayoría campesina, analfabeta y despolitizada, sumisa y sometida a los caciques, terratenientes y clero católico.
INCIDENTES EN CORRAL Y LA VILLA DE DON FADRIQUE.- La comarca, en esta parte de La Mancha alta, se conmocionó cuando cinco meses después de estrenada la República, distintos grupos de campesinos ocuparon pacíficamente fincas en Corral de Almaguer (a unos 30 kilómetros de Miguel Esteban, en la carretera nacional 301) e intervino la Guardia Civil. El final fue dramático. Los hechos se registraron en septiembre de 1931, en Corral de Almaguer. Los campesinos más pobres, braceros sin ninguna propiedad, querían tierras para trabajarlas y ganarse el sustento: decidieron ocupar pacíficamente fincas. Intervino la Guardia Civil, con el propio general Sanjurjo al frente: su lamentable e intencionada actuación provocó la muerte violenta de cinco campesinos y otros siete heridos graves (1).
     En julio de 1932 se produjeron también graves incidentes entre campesinos y la Guardia Civil en La villa de don Fadrique, con víctimas mortales. Los terratenientes provocaron a los campesinos, para conseguir un estado de agitación social que justificara una intervención militar golpista (2). Los campesinos convocaron una huelga: fue reprimida por la Guardia civil el 8 de julio. Se produjo un tiroteo entre los segadores y los guardias civiles de las comandancias de Tembleque, Toledo, Villacañas y de La villa de don Fadrique, apoyados por caciques y terratenientes y sus sicarios, con el resultado de dos campesinos muertos, de tiros en el pecho; y un guardia civil abatido, en el cruce del fuego. Toda la Prensa, incluida la de izquierdas, presentaron equivocadamente los hechos como propios de un movimiento sedicioso.
 Consejo de guerra contra los campesinos de La villa de don Fadrique
    Es difícil entender que la República nombrara al general Sanjurjo, conocido conspirador, director general de la Guardia Civil, cuerpo militar utilizado habitualmente para la represión y el control social de la población. El general Sanjurjo estuvo en todas las conspiraciones (junto a Primo de Rivera, en la primera dictadura del siglo XX; dando un golpe de Estado en Sevilla, en 1932…), siempre al servicio de las derechas. Y sus actuaciones como director general de la Guardia Civil únicamente pretendían crear agitación social para generar un enfrentamiento entre españoles.
1932.- SEMANA SANTA MIGUELETA A TIROS.- El año de 1932 –con graves tensiones sociales y políticas en todo el país, provocadas por las dere-chas con el concurso de la Iglesia católica–, estuvo marcado en Miguel Esteban por la procesión del viernes de Semana Santa: finalizó a tiros.
     En el nuevo Estado republicano, laico, la primera Semana Santa de la iglesia católica española, de 1932, estuvo definida por la suspensión de las procesiones en Sevilla. La suspensión fue un acto voluntario e intencionado de las hermandades o cofradías, atizadas por la iglesia católica para provocar agitación social contra el nuevo Gobierno democrático salido de las urnas, con la excusa de temer incidentes callejeros. El nuevo Gobierno, que no llevaba ni un año en el poder, tenía muy claro la separación de poderes: no gustaba nada a la iglesia católica, eterna aliada de las clases dominantes contra los obreros y campesinos.
    En Miguel Esteban, pese al gobierno municipal de las derechas, los caciques provocaban a los campesinos politizados, para envenenar la convi-vencia: consiguieron que hubiera un grave enfrentamiento durante la Semana Santa de 1932, cuando la procesión de la Virgen de la Soledad, el viernes 25 de marzo, recorría distintas calles. La versión oficial pretende que un izquierdista quiso apuñalar la imagen de la Virgen, acto que fue respondido violentamente por pistoleros de extrema derecha. La información sobre el grave incidente vio la luz en El Pueblo Manchego (3) , publicación derechista, de perfil católico, que presentó los hechos de forma muy parcial y sesgada:

“Los sucesos de Miguel Esteban.- En el pueblo de Miguel Esteban (Toledo), un grupo de elementos extremistas trató de profanar la imagen de la Virgen de la Soledad. Los “armados” impidieron el sacrílego intento, y el vecindario al día siguiente asaltó la Casa del Pueblo (4), destrozando cuantos muebles y ventanas había. La procesión siguió su itinerario y los perturbadores huyeron al campo. De la refriega resultaron heridos un socialista y un propietario. Nuestro corres-ponsal en Alcázar nos remite estas dos fotografías. La primera reproduce la venerada imagen de la Soledad; y la segunda, un aspecto del salón de actos de la Casa del Pueblo, después de ser asaltada por el vecindario”.

VERSIONES NORMALES.- Hay otras versiones de los hechos,  más ajustadas a la realidad, menos interesadas, más veraces: Otilio Torres Lara, pistolero de la derecha más violenta, provocaba a los izquierdistas, buscando amedrentarles: gritos y amenazas, enseñarles la pistola; en la izquierda, Paulino Argumánez Araque, arrostrando, respondió a las amenazas e insultos.  En la Procesión del Santo Entierro, tras cruzarse gruesas palabras, se escuchó el sonido de un disparo. Otilio desenfundó su pistola y disparó primero: Paulino respondió a la agresión como pudo, resultando herido. El trono de la procesión se llevó hasta la iglesia, desde la Plaza de la Cruz Verde, por la calle Valencia, entre tiros, gritos y espantos de gentes que huían a la carrera.
    Del incidente está el testimonio Miguel Torres Ramos (Miguel Esteban, 1922). Vivió los hechos, señalando a Tiburcio Puente Torres, como uno de los instigadores:

   “Era de derechas. Aquel hombre lo tenía merecido. Era un tal Tiburcio Lara (5), por mal nombre “Cachucha”, el “tío Cachuchas”. Fue alcalde antes de la guerra. Otilio y un primo del abuelo, que se llamaba Paulino, tuvieron una reyerta, en esto que iba la procesión por la calle: “¡Paulino que no sé qué y esto y lo otro!”. Y le pegó un tiro a Paulino… se lió un escándalo. Y al otro día se presentó la Guardia Civil en el pueblo (6). Fue una Compañía de Villacañas… y todo el que olía a izquierdas, a la cárcel. El individuo que pegó el tiro (7) no fue a la cárcel. Total que se le iba la boca al tío (8): “No tengáis cargo, que estos van a un barco roto, si estos no vuelven”. Los procesaron y estuvieron 8 meses encerrados en Toledo, sin haber hecho nada”.

    Sobre los incidentes de Semana Santa hay otra narración, de otro testigo directo:

“Hubo incidentes. Me pilló en ella con mi padre en la procesión. El Viernes Santo. Me acuerdo que por allí, por la plaza, cuando iban las imágenes, se lió un tumulto: la gente empezó a correr. Dicen que había uno que iba con Paulino, uno que le llamaban Chaleco, el padre de “Los Chaleco”, que iba con un cuchillo, que fue a pegarle a la Virgen, no sé. Y no tiraron la imagen, pero la Cruz de los Misioneros sí que la tiraron… hubo tiros de la derecha. La derecha iba armada hasta los dientes y llevaron las imágenes a la iglesia pegando tiros. Pero la gente, adiós… fueron los cuatro de las fuerzas de la derecha, que iban armados. El tumulto se lió en la Plaza de la Cruz Verde y siguió por donde vivía don Benigno, el médico (calle Valencia). Por allí llegó la procesión del Entierro hasta la iglesia, pegando tiros. Y pasaron las imágenes. No las tiraron al suelo. La Cruz de los Misioneros, sí. Chaleco dicen que iba con un cuchillo a pegarle…” (9).

       La derecha atacó de nuevo al día siguiente, con sus pistoleros, para escarmentar a los izquierdistas: 

“La derecha se lanzó a la calle y saquearon la Casa del Pueblo. Lo hicieron todo polvo, todos los muebles, que estaban en la casa de Blas El Habichuelo. Allí pasaron: iban en busca de los de izquierdas. Y Eusebio El Raco, salió corriendo para El Toboso. Salieron tras de él, que si lo cazan lo matan. Uno que se llamaba Marino, de “los Marino”, casado con una del Tío Juanete. Se libró (Eusebio Patiño) por tablas. Fue a cruza-camino hasta El Toboso. La iglesia se hizo el verdadero Estado Mayor de la derecha” (10).

LA VIDA COTIDIANA.- Con la excepción de los hechos de la Semana Santa, la vida cotidiana diaria en Miguel Esteban, en 1932, no sufrió grandes convulsiones sociales. La población “apolítica” mantuvo sus trabajos agrícolas, como braceros o atendiendo sus pocas o muchas propiedades; adaptándose como pudo a la nueva situación democrática. La minoría de izquierdas, obrera y campesina, hostigada por su politización, se agrupaba alrededor de las Sociedades Obreras El Porvenir (La casa del Pueblo), situada en la calle del Santo; y El Progreso, conformadas con militantes del Partido Socialista Obrero Español, Izquierda Republicana y sindicatos de clase obrera… mientras, la derecha pre-paraba sus conspiraciones,¡ –utilizando incluso a pistoleros–, con sus respectivos partidos, especialmente Acción Popular.
LLEGA LA GUARDIA CIVIL.- La Guardia Civil es un cuerpo militar, dependiente del Ejército de Tierra, creado para proteger las propiedades de los terratenientes. Normalmente, con la excusa de combatir el bandolerismo, se ha utilizado para controlar socialmente a los campesinos y trabajadores en zonas rurales. Los terratenientes de Miguel Esteban, desde los inicios del siglo XX, trataron de tener un cuartel de la Guardia Civil. Un comandante, un simple cabo, con unos pocos números les bastaba, les era suficiente para sentirse psicológicamente seguros frente a los campesinos migueletes. El 19 de febrero de 1903 hay una instancia, dirigida al ministro de la Gobernación, firmada por el alcalde y los concejales, pidiendo un puesto de la Guardia Civil. Ofrecen, como contrapartida, alojamiento gratuito, servicio médico-farmacéutico “extensivo a la familia de los individuos que la compongan”… más enseñanza a los hijos de los guardias civiles, en el establecimiento del municipio .
    Conseguir ese cuartel llevó casi 30 años, ofreciendo un edificio de dos plantas, con cinco pabellones y sus correspondientes dependencias, totalmente dotado, en un solar municipal, pagado con los impuestos municipales, del pueblo. El 7 de noviembre de 1927, el alcalde-presidente del Ayuntamiento, Benedicto Martínez Martínez, terrateniente, de la derecha más rancia, vuelve a pedir un puesto de la Guardia Civil. Otro escrito del 14 de diciembre de 1927, para justificar la petición, indica que el pueblo tiene una población de 2.680 habitantes y una extensión de 8.000 hectáreas. Las peticiones municipales se suceden. El 25 de febrero de 1931, el alcalde Ángel Boga López vuelve a pedir el Cuartel. El 11 de marzo de 1931, el alcalde insiste en la petición de un puesto de la Guardia Civil:
   “… participando que el citado municipio está construyendo una casa para cuartel en excelentes condiciones de alojamientos para la fuerza…” . 
   El 1 de diciembre de 1931, Tiburcio Puente Torres, alcalde del municipio, escribe en un oficio: “… y estimando ser de urgente necesidad en envío de cinco números de este benemérito cuerpo, con carácter definitivo, dado el espíritu algo levantisco que se nota desde hace tiempo en parte de este vecindario considerado así por las fuerzas vivas de la población…” . El escrito es clarificador: quieren a la Guardia Civil para sofocar el “carácter levantisco” de los campesinos, organizados en sociedades obreras que aumentaban sus afiliados.
    El 18 de diciembre de 1931 el coronel Carmelo Rodríguez de Latorre, escribe un oficio: “… se autorizó para establecer el Puesto de Miguel Este-ban…”. Finalmente el puesto se establece el 29 de noviembre de 1932, con un cabo comandante y tres guardias o números.
    Pese a contar con la presencia y colaboración de la Guardia Civil, las derechas migueletas no se sentían seguras. La izquierda, frente al acoso de los terratenientes y sus secuaces, se organizaba y tenía cada vez mayor presencia política. El 30 de octubre de 1934, Ángel Boga, alcalde de la población, escribe un oficio muy claro al director general de la Guardia Civil
“… he de manifestar haciéndome eco de las quejas de este vecindario que, sin duda por requerirlo así el servicio, con frecuencia queda este puesto de la guardia civil sin fuerza alguna, por destinarla a otros puntos, pareciendo que se la moviliza más que la de otros pueblos limítrofes, notándose durante estas ausencias cierto malestar y nerviosismo del vecindario, y por lo tanto esta Alcaldía sin garantía para evitar alguna alteración de orden público si acaso pudiera producirse…”. 

    El escrito es sorprendente. Quizá las derechas se asustaron por los hechos de Asturias. El oficio indica “intranquilidad del vecindario”, cuando debería hablar de intranquilidad de una parte del vecindario, de las derechas.
    La Guardia Civil mantendrá su presencia en Miguel Esteban, durante el periodo republicano, hasta el 18 de julio de 1936. Desde esa fecha, y hasta 1939, no hay noticias de la Guardia Civil. La guarnición abandonaría su puesto y se marcharía para incorporarse a las tropas del sedicioso coronel Moscardó, en Toledo capital.

AVANCES DE LA IZQUIERDA.- La primera sociedad obrero-agrícola de Miguel Esteban fue El Porvenir, fundada en 1918, núcleo del socialismo miguelete que cuajó básicamente en dos partidos: Izquierda Republicana (IR) y Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Los comunistas y cenetistas eran minoría. Durante la segunda República habrá otras sociedades de campesinos, creadas para defender sus intereses económicos frente a los terratenientes. En 1933 hay una certificación de la Sociedad obrera agrícola El Progreso, fundada en 1930 con 69 socios (en 1933 tenía 90 socios). La copia de una certificación dice literalmente. En 1933 el Partido Socialista Obrero Español de Miguel Esteban, fundado hacia 1930, según informe de la Guardia Civil, tenía más de 50 afiliados, cifra muy importante para la población (por encima de 3.000 habitantes), valorando además la despolitización de la mayoría de las clases obrera y campesina.
TRIUNFO ELECTORAL DE LAS DERECHAS.- Finalizando 1933, en noviembre, hubo Elecciones generales. Los resultados en Miguel Esteban, publicados en el BOPTO número 33, del miércoles 7 de febrero de 1934, fueron los siguientes:

Candidatos                                   D1S1    D1S2            D2S1        D2S2        Total

Ruperto Rodelgo Plaza                  17              21              30            75            143
Mariano Rojo González                 17             21               30            75            143
Manuel Muiño Arroyo                   17             21               30            75             143

Constantino Vega Gregorio          231             209            250          170           860
Jesús Salvador Madero                232             213            261          180           886
Félix Avia García                          232             213            261          179          885
Julio González Sandoval               231              204            252          171          858
Ramón Molina Nieto                    234              213            261          179          887
Dimas de Madariaga                    236               212           261           179          888
Dimas Adánez Horcajuelo              231             210           250           171          862
José Finat Escrivá de Romaní        234             208             250          172           864
Adelaido Rodríguez F. Avilés        135                56            42             77            310
Hipólito Jiménez Coronado           136                55             42             75           308
Perfecto Díaz Alonso                      9                 (¿?)             1              20
Félix Sánchez Láinez                    129                 21            (¿?)           75
Pedro Riera Vidal                         134               56             42             75            307
Manuel Álvarez Ugena                   29                16             11              12            68
Emilio Palomo Aguado                   25                14             11              11            61

Fermín Blázquez Nieto                   17                 21            30              75           143
Manuel Aguillaume Valdés             17                 21            30               75          143
José Castro Taboada                    17                  21            30               75          143
Santiago Muñoz Martínez              17                  21            30               75          143

Leocadia Muñoz de la Casa           17                 21            11               20           69
Cayetano Bolívar Escribano            16                14            11                20          59
Eduardo Blasco López                   15                 14            11               20          60
Luis Cicuéndez Muñoz                   15                 14            11               20           60
Pablo Carpintero Mollejo               15                 14            11               20           60
Ángel Vela Gallego                         13                 14            11               20          58
Luis García Plaza                            15                 14            11               20          60
Pedro Martínez Cartón                   15                 14            11               20          60

Votos emitidos                              343               284           531             495


QUEJAS DE LOS OBREROS.- Los terratenientes y empresarios migueletes, con la protección del Ayuntamiento, rechazaban las leyes sociales dictadas por la República para mejorar las condiciones laborales de los campesinos y obreros. La Delegación provincial de Trabajo de Toledo, que recibía decenas y decenas de denuncias, se dirigió en distintas ocasiones (julio y agosto de 1934) al alcalde presidente de Miguel Esteban para recordarle su obligación de velar por el cumplimiento de las leyes:
    “Tengo el honor de poner en su conocimiento que constantemente se reciben en esta Delegación provincial denuncias por incumplimiento de la jor-nada mercantil y Decreto sobre Jornada máxima de Trabajo, ruego a V. se sirva dar las órdenes oportunas a fin de que se corten estos abusos de Ley… Le re-cuerdo que como primera autoridad de esa Villa vele por el más exacto cum-plimiento de las leyes sociales, sirviéndose acusarme recibo del presente oficio. Toledo 20 de julio de 1934. El Delegado Provincial” (11).
    El Delegado provincial envió un segundo escrito, más contundente:

    “Siendo insistentes las denuncias de que ese pueblo se me hacen por la Dependencia mercantil, con respecto al incumplimiento de las leyes sociales, Ruego a V. que con toda urgencia me informe de los resultados de sus inspecciones, advirtiéndole que le negligencia de su parte sería considerada como obstrucción al servicio y que estoy dispuesto a proceder en consecuencia. To-ledo 7 de agosto de 1934. El delegado Provincial” (12).

1936. HACIA EL GOLPE DE ESTADO.- La vida política española, al inicio de 1936, estaba condicionada por el bienio negro de Alejandro Lerroux y José María Gil-Robles, dos años dedicados a liquidar todas las reformas de modernización de España emprendidas por la izquierda. En ese tiempo, además, las derechas pretendieron liquidar el movimiento obrero clausurando las Casas del Pueblo. El 15 de enero de 1936, prácticamente liquidado el Gobierno cripto-fascista de Lerroux y Gil-Robles, se levanta la clausura de las Casas del Pueblo y demás asociaciones. El Gobierno Civil de Toledo publica en enero la circular número 20 que dice:
“Restablecidas las garantías constitucionales en todo el territorio nacional, y como quiera que no obstante haberse oficiado, ha tiempo, a los señores alcal-des de esta provincia para que levantasen inmediatamente la clausura de las Casas del Pueblo y demás sociedades que estuviesen clausuradas gubernativamente, es lo cierto que se me producen reclamaciones por no darse la legítima y debida eficacia al precepto constitucional; se servirán dichas autoridades gubernativas proceder, acto seguido de recibir el ejemplar del BOLETÍN OFICIAL de esta provincia, donde se publica esta mi circular, a levantar la clausura de las mencionadas Casas del Pueblo y Sociedades a presencia de los señores alcaldes, Guardia Civil y Presidente de las respectivas asociaciones, siempre que no se hallase suspendido el funcionamiento de aquellas por Autoridad Judicial o Militar. Y así mismo me comunicarán por telegrama el haberlo efectuado, en evitación de responsabilidades y sanciones. Toledo 15 de enero de 1936. José Maldonado y Ayuso”.

LEGISLATIVAS DE FEBRERO DE 1936.- El 16 de febrero de 1936 se celebraron en España Elecciones para diputados a Cortes. Las Elecciones Municipales estaban convocadas por decreto de 17 de marzo, para el 12 de abril. Fueron suspendidas el 5 de abril .
    Los resultados electorales, en las legislativas de febrero de 1936 para diputados a Cortes, podrían considerarse muy sorprendentes en Miguel Esteban, difíciles de explicar si se comparan con los resultados generales obtenidos en España, salvo que se tratara de un pucherazo (más que probable).
     En Miguel Esteban, en 1936, se presentaron a las elecciones cuatro partidos políticos: la Candidatura Antirrevolucionaria de Toledo, que agrupaba a las derechas; el Frente Popular de Toledo (Izquierda Republicana y Partido Socialista Obrero Español), el Partido Republicano Radical y el Partido de Centro Progresista. El católico partido de Acción Popular (fundado por Herrera Oria), en la población de Miguel Esteban estaba dirigido por:

– Cayo Ramos Porras
– Cristóbal Boussinet Garay
– Marino Mata Cepeda
– Isidro Caravaca Yébenes
– Agapito Martínez Patiño (13)

El partido ultra, de perfil fascista, el partido de la dialéctica de los puños y las pistolas, los joseantonianos de Falange Española Tradicionalista (FET), estaba dirigido por:

– Remigio Cantos Garay (jefe comarcal)
– Eusebio Novillo Muñoz (jefe de milicias)
– Isidro Yébenes Lara (secretario)

Las diferencias de votos entre los partidos, en Miguel Esteban, fueron tan abismales, que hacen pensar en un fraude, en un pucherazo descarado, muchos más si se advierte la identidad de los integrantes de la Junta Electoral Municipal. Los sorprendentes resultados fueron:

Candidatura Antirrevolucionaria de Toledo        1.421 votos expresados
Frente Popular de Toledo                                     313    “    “
Partido Republicano Radical                                     5    “    “
Partido de Centro Progresista                                 14    “    “

PRIMER AYUNTAMIENTO DE IZQUIERDAS.- El resultado de las elecciones generales, influyó para que hubiera un cambio en el gobierno municipal de Miguel Esteban. El derechista Julián Casas Yébenes, “Rondilla”, dimitió de su puesto de alcalde, o se le forzó a dimitir, formándose el día 20 de febrero una Comisión Gestora municipal que debería regir la vida municipal:
    – Genaro Torres Araque (Alcalde, de Izquierda Republicana)
    – Eusebio Patiño Férreo (PSOE)
    – Zoilo Egido Checa (PSOE)
    – Antonio Lara Lara
    – Regalado Nieto Ramos
    – Lorenzo Casas Puente
    – Paulino Argumánez Araque (PCE)
  
    La villa de Miguel Esteban tenía por vez primera en su historia un Ayuntamiento democrático, de izquierdas. Genaro Torres Araque, secretario de la UGT local y líder de Izquierda Republicana, accedió a la alcaldía, en un tiempo convulso y difícil, plagado de negras perspectivas: 1936 se había iniciado con respuestas al bienio negro de Lerroux y la católica CEDA, a sus medidas antirrepublicanas. Genaro Torres Araque apenas pudo trabajar con normalidad durante cinco meses.
Genaro Torres Araque, primer alcalde socialista de Miguel Esteban.
Fue asesinado-fusilado en Quintanar de la Orden, en 1939, junto con otros
17 migueletes republicanos, que habían defendido la libertad y la democracia.
    Toda la corporación municipal del primer Ayuntamiento de izquierdas de Miguel Esteban sería prácticamente exterminada 1939 a partir de abril de 1939. Genaro Torres Araque y Zoilo Egido Checa serían fusilados por los franquistas en Quintanar en junio de 1939: estaban en una relación de “rojos” a los que había que fusilar, tras el golpe de Estado de julio de 1936. La lista con los que debían ser fusilados en Quintanar salió del Ayuntamiento de Miguel Esteban, elaborada por las nuevas “autoridades locales” con el concurso de los más significados y sañudos franquistas. Paulino Argumánez sería asesinado en Miguel Esteban, en 1939, junto a Los Abeles (Abel Rodrigo y sus hijos Miguel y Fidel). Eusebio Patiño Férreo sería asesinado en 1941, en el Ayuntamiento, y su violenta muerte fue presentada como un suicidio.

MOTÍN DEL PRIMERO DE MAYO.- El primero de mayo de 1936 tenía un significado especial en Miguel Esteban para los trabajadores, campesinos braceros y obreros en su mayoría. Contaban por ver primera, desde 1931, con el apoyo de las autoridades municipales. El Ayuntamiento era de izquierdas y democrático.
     “Siempre que salíamos a trabajar al campo, la derecha se echaba a la calle, provocaban. La Guardia Civil también disparó varias veces, dos o tres veces contra mujeres que iban a escardar, como ya entonces eran las bolsas del trabajo que se llamaban. Hubo un día que dispararon al aire… Si los patronos echaban a los obreros, se sentaban en las puertas y les tenían que pagar… La Guardia Civil disparó a las mujeres cuando venían de escardar, que venían cantando La Internacional” (14).
    El Primero de Mayo debía discurrir por distintas calles del pueblo, en un trayecto no muy largo: los espacios comunes más habituales en aquellos años eran la Plaza del Ayuntamiento (Plaza de la Constitución, desde antes de la proclamación de la segunda República) y la glorieta que hay frente a la iglesia. La manifestación obrera, en el Día de los Trabajadores, empezó bien, con la participación de los obreros y campesinos más concienciados políticamente, con sus banderas tricolores y rojas, con sus consignas reivindicativas. La manifestación la abanderó La Pernala, hija de “Pernales”, Benigna Caravaca, joven muchacha de dieciséis años, de notable belleza a la que llamaban La Divina Pastora o Pasionaria. La manifestación acabó con incidentes.
    Hubo presuntos enfrentamientos con la Guardia Civil y parece ser que se originó un pequeño motín. Un grupo de izquierdistas posiblemente respondió a las provocaciones de la Guardia Civil y pretendieron el asalto, reducción y detención de los miembros del puesto (Pocos años después el republicano miguelete Francisco Felipe Vidal, acusado de provocar los hechos, fue juzgado en Consejo de Guerra habido en Quintanar de la Orden el 23 de septiembre de 1939. Declararon en su contra Luisa Tebar, que dijo: “… que en mayo de 1936 el encartado en unión de otros quiso amotinar al pueblo contra la Guardia Civil, intentando encerrar a éstos en el Ayuntamiento”).

NOTAS:
(1) Historia de España. Tuñón de Lara, Manuel. Tomo IX: "La crisis del Estado: dictadura, República, Guerra. 1923-1939". Páginas 132 y 133. Hoy se sabe, además, que la derecha provocaba para generar un estado de agitación social, que justificara intentonas militares.
(2) Poco después, el 12 de agosto de 1932, el general Sanjurjo dio un golpe de Estado en Sevilla, conocido como "la Sanjurjada", que fracasó en el resto de España.
(3) Lunes 28 de marzo 1932. Año XXII. Número 7.173. Precio: 10 céntimos ejemplar. La información se da en portada.
(4) Es rigurosamente falso. Los "armados", los pistoleros de extrema derecha fueron los que asaltaron la Casa del Pueblo e intentaron asesinar a Eusebio Patiño Férreo, "El Raco".
(5) Es un error. Es Tiburcio Puente Torres, alcalde de Miguel Esteban en esos días.
(6). Es, evidentemente, una exageración.
(7) Efectivamente. El que disparó inicialmente provocando el tiroteo ni está identificado, ni fue a la cárcel.
(8) Es fácil suponer que se refiere a Tiburcio Puente Torres.
(9) De la entrevista con José Villalba, realizada y grabada el jueves 19 de octubre del 2006, en su casa de Getafe (Madrid).
(10) Entrevista citada.
(11) Archivo Histórico Municipal de la villa de Miguel Esteban. Legajos. Caja 1934/1
(12) Archivo Histórico Municipal de la villa de Miguel Esteban. Legajos. Caja 1934/1
(13) Informe de la Guardia Civil, de 8 de noviembre de 1942. AHN (Madrid). Causa General. Legajos. Caja 1.049/1.
(14) De la entrevista con José Villalba. Getafe (Madrid) 19 de octubre del 2006.


sábado, 14 de diciembre de 2013

MIGUELETES DE AÑIL Y CAL [5]



 Pueblo en La Mancha más árida, Miguel Esteban tiene sus orígenes allá por el siglo XIII, aunque los primeros datos documentados están en las Relaciones Topográficas de Felipe II. Será el marqués de Ensenada, con su Catastro o averiguación, el que ofrecerá todo un conjunto de datos sobre el pueblo que evolucionará al ritmo del país. La división ideológica del pueblo se producirá con la segunda República. Las fuerzas de las derechas más reaccionarias, en unión con la iglesia católica y una facción del ejército, se opondrán con todas sus fuerzas y métodos ilegales contra el nuevo Estado democrático, hasta fomentar y patrocinar un golpe de Estado que llevaría a los españoles a una guerra civil (1936-1939), nunca acabada.


DEL CATASTRO DE ENSENADA
AL DICCIONARIO DE MADOZ (siglos XVIII y XIX)


EL CATASTRO DEL MARQUÉS DE ENSENADA
Sobre la fundación de Miguel Esteban, el Catastro del marqués de Ensenada, completado en 1753, aporta poco: ser población propia del Orden y Caballería de Santiago, una de las que componen el Priorato y partido de Uclés, en esta provincia de La Mancha. Pero no especifican la carta puebla, la fundación de la localidad como villa que, por la datación de la construcción de su iglesia, hay que situarla en los inicios del siglo XVII, a partir de algunas casas que debían estar alrededor de la iglesia y protegidas por un torreón defensivo, hoy desaparecido, y una muralla defensiva. Esa población intra-muros se fusionaría posteriormente con la población extra-muros, originando la que finalmente sería villa de Miguel Esteban.
             El Monasterio de Uclés, cabeza de la Orden de Santiago, se ubica cerca de Tarancón y Saélices, donde está la histórica población romana de Segóbriga[1], con importantes restos arqueológicos. Su zona de influencia llegaba hasta los territorios de la Orden de san Juan, en los límites de Alcázar.
El Priorato de Uclés, de forma irregular, tendría sus límites en Tarancón (norte), Tomelloso (sur), Belmonte (este) y Corral de Almaguer (oeste). Cubrirían una franja de territorio de más de 100 kilómetros de largo, de norte a sur, por 50 kilómetros de ancho: de Corral a Mota del Cuervo. Estaba formado por 20 pueblos y 2 aldeas (Torrelengua y Buenamesón). Los pueblos están actualmente en las provincias de Ciudad Real, Toledo y Cuenca. Son los siguientes, por provincias: Campo de Criptana, Pedro Muñoz, Socuéllamos y Tomelloso, en Ciudad Real; El Hinojoso de la Orden, Horcajo de Santiago, Mota del Cuervo, Pozo Rubio de Santiago y Zarza de Tajo, en Cuenca; y Cabezamesada, Corral de Almaguer, Miguel Esteban, Puebla de Almoradiel, Puebla de Don Fadrique, Quintanar de la Orden, Santa Cruz de la Zarza, El Toboso y Villanueva de Alcardete, en Toledo. Extrañamente la villa de Uclés, con sus seis parroquias, pertenecía al obispado de Cuenca, pese a que junto a la villa estaba la cabeza del priorato.
            Aunque el gigantesco monasterio de Uclés está en la parte más septentrional de su territorio, en La Mancha, cerca de la población de Tarancón, el núcleo más numeroso de pueblos pertenecientes a la Orden de Santiago, se localizaba alrededor de la iglesia–fortaleza de Quintanar. Esa parte central controlaba el paso de Este a Oeste, en el Camino Real entre Toledo y Valencia, entre el interior peninsular y la costa levantina. Ese camino pasaba por Corral de Almaguer (parte oeste), Quintanar (centro) y Mota del Cuervo (este), pueblo éste situado en el Camino Real de Cuenca a Ciudad Real. Un poco más allá, hacia levante, estaba la villa de Belmonte, dentro del territorio del Marquesado de Villena. Cerca del Camino Real Toledo–Valencia, se localizaban las poblaciones de La Puebla de Almoradiel, Villanueva de Alcardete, Miguel Esteban, El Toboso y Los Hinojosos.
            En el Catastro de Ensenada hay varias fichas o asientos del Libro Maestro donde se menciona el lugar de Los Burgos de la Paz, a medio cuarto de legua de la villa[2], en el Camino de la Bermejuela o Mermejuela. Los burgos eran, en aquella época, barrios donde se asentaban los inmigrantes árabes, posiblemente procedentes de las expulsiones en Andalucía y Levante. En el Catastro también encontramos un asiento que informa de una propiedad extra-muros[3]. En origen, según los datos del catastro, el lugar en el que se formaría el núcleo de Miguel Esteban sería una pequeña fortificación amurallada de la Orden de Santiago, en la que fusionarían las dos poblaciones vecinas: intra-muros y extra-muros[4]. La población árabe o morisca existente en los llamados Burgos de la Paz, situados un poco más allá de la vega del pueblo, un poco más allá del camposanto; y la de intra-muros conformada por cristianos y colonos de otros territorios, al ser un puesto de vigilancia o pequeña fortificación militar, posiblemente dependiente de la iglesia-fortaleza del Quintanar, de la Orden de Santiago.
URBANISMO: LAS CASAS.- El hombre siempre ha estado integrado en su medio ambiente, conviviendo de forma armoniosa con la naturaleza, aprovechando sus recursos. A mediados del siglo XVIII los manchegos, adaptados a su entorno, duro y extremo, utilizaban todo lo que podían de su medio natural: tierra, que prensaban para construir tapiales; yeso, para levantar los muros de sus casas; cal y arena, para fabricar mortero de argamasa, para encalar sus casas y desinfectarlas; piedra caliza, para obtener cal, para levantar paredes con yeso; barro, para fabricar tejas o manufacturar cacharrería doméstica… el alarife, maestro albañil, se encargaba de la orientación de la vivienda, provista de gruesos muros para aislarla del frío y del calor. Conseguían viviendas muy eficaces, ajustadas a sus necesidades.
            Las casas de Miguel Esteban se agrupaban alrededor de su iglesia, el edificio religioso de mayor tamaño, el más alto, junto al torreón defensivo –no hay el menor rastro–; extendiéndose posteriormente en dos zonas: una hacia el Ayuntamiento (sur) y otra hacia los molinos y ermitas (norte). La parte más antigua de la villa es la más próxima a la iglesia.
            Dependiendo del poderío económico de las familias, las casas migueletas de mediados del XVIII eran diferentes; aunque dentro de unos patrones comunes, a partir de la utilización de materiales del medio ambiente. El tapial delimitaba la casa, normalmente con una fachada más o menos alta, presidida por un portón de doble hoja, de madera. Las casas más sencillas, todas de planta baja, estarían conformadas, según el Catastro, por un cuarto principal, el alto es cámara a sola teja, patio y corral[5]. Es decir, una sala rectangular, normalmente dividida en dos mitades, dos estancias separadas por la chimenea de la cocina y alacena, más el acceso a esa segunda mitad o alcoba del matrimonio. En ese cuarto principal donde se hacía la vida, en un hueco de uno de los muros, se colocaba una tinaja de agua[6], de más o menos un metro de altura (se hacían en Mota del Cuervo); y junto al fogón de la chimenea, pucheros para los guisos… En la repisa de la chimenea, se colocaban el almirez, para majar perejil, ajos, cominos… y otros pequeños objetos domésticos de uso diario. Sobre ese cuarto principal, la cámara a sola teja o teja vista. En ese espacio, también utilizado como pajar, secaban sus productos agrícolas, almacenaban grano para semillas, o se destinaba a pequeño almacén de aperos.

              El patio, amplio espacio a cielo abierto, era el distribuidor: se utilizaba para los carros y galeras. Junto al patio, las caballerizas o cuadras, para guardar caballos, mulas o burros. Los caballos eran propios de los ricos. Lo más frecuente, para la mayoría campesina, era la utilización de mulas o burros. El patio tenía distintas zonas de utilización: el gallinero, para las gallináceas; el corral, donde se acumulaba el estiércol de los animales, mezclado con paja: luego, una vez retirado, sería utilizado como abono en la época apropiada. Y dentro del corral, el excusado para las necesidades de las personas.
            En algunas casas tenían cuevas con varias funciones: conservar líquidos (vinos) a una temperatura baja y estable para que no se estropearan o picaran: eran auténticas bodegas, con tinajas de hasta 500 arrobas compradas en Villarrobledo (actual Albacete) o Colmenar de Oreja (actual Madrid, muy cerca de Chinchón), los dos grandes centros tinajeros de la zona; y conservar otros alimentos, como las patatas (en tiempos muy posteriores), a resguardo de la luz y a una temperatura constante, para que no se estropeen.
            Se iluminaban con lámparas de velones (los ricos) y candiles (los pobres). Los candiles son pequeños utensilios de origen romano, formados por dos recipientes de metal superpuestos. El superior, lleva el aceite y la torcida; el inferior, una varilla para colgarlo. En España se han usado hasta mediados del siglo XX en las zonas rurales de La Mancha, Extremadura, Andalucía…
            En el catastro también informan, casi de pasada, que algunas casas disponían de jaraíz[7], un lagar donde se depositaban las uvas de la vendimia en una prensa para pisarlas y después prensarlas. El líquido obtenido se trasegaba después a las bodegas para su fermentación en grandes tinajas de barro cocido. Hay casas que también disponen de bodega[8], lugar subterráneo donde fermentaba el mosto hasta su transformación en vino.
            En Miguel Esteban tenían plantadas 296.350 cepas de vid, reseñadas en los asientos del Libro Maestro, volúmenes 1 y 2. Cada mil cepas les producían 40 arrobas, 30 arrobas o 20 arrobas, dependiendo de la calidad de las tierras y las vides, según la respuesta nº 13 del Interrogatorio. Promediando el número de vides plantadas, 296.350, como de segunda calidad, producían anualmente 8.890,5 arrobas de vino, que equivalen a 142.248 litros de vino. La arroba de vino valía 6 reales: obtenían, por tanto, 53.343 reales por cosecha, siempre que no se perdiera por adversas condiciones meteorológicas. Y con el mosto, antes de fermentar y transformarse en vino, podían elaborar artesanalmente arrope, un jarabe negruzco, muy dulce y calórico, que se obtiene cociendo mosto. Se consumía como postre, regado en pan.
            La casa de morada media estaría compuesta por: Cuarto bajo y cámara, con patio, corral y caballeriza. Apenas indican cuevas, aunque creemos que la mayoría de las casas disponían de ese necesario espacio subterráneo donde conservar vino y otros productos. La cueva, como bodega, únicamente se reseña en las casas de los grandes terratenientes.
POBLACIÓN Y AYUNTAMIENTO.- A mediados del siglo XVIII, prácticamente todos los territorios de España estaban en manos de terratenientes nobles y clero, los denominados manos muertas, parásitos que sangraban e impedían la modernización del país: las personas comunes y normales, del pueblo, eran vasallos o súbditos, propiedad de nobles y clero. El concepto ciudadanía y sus correspondientes ciudadanos tardarán muchos años en introducirse en España, aceptarse y desarrollarse.
En el año de la averiguación o catastro, Miguel Esteban, villa de tamaño medio[9], tenía una población aproximada de 866 habitantes, correspondiente a los 228 vecinos[10], o cabezas de casa: únicamente figuraban censados los que hoy llamaríamos cabezas de familia, con derechos sobre su familia, sin incluir el número de personas de unidad familiar, que variaba en su número de componentes, mayoritariamente labradores: sus gobernantes, desde Felipe II, renunciaron a industrializar el país, a modernizar el campo.
            La villa de Miguel Esteban tenía dos alcaldes, como todas las poblaciones en aquella época: Francisco Martínez Espinal, por el estado de la nobleza que, en 1752 tenía 65 años; y Juan Francisco López Villaseñor, alcalde por el estado general, de rango inferior, sometido al primero. Los regidores por ambos estados, miembros del cabildo municipal, o concejales, eran Francisco Martínez Espinal, hijo del alcalde, noble por herencia paterna –controlaban todo, por insignificante que nos pudiera parecer hoy– y Eusebio Morales. El procurador general del común (Ayuntamiento), persona elegida o designada para representar a la Comunidad ante otros organismos oficiales de mayor rango, era Pedro Garay Villaseñor. El escribano del Ayuntamiento, era Joaquín Morales.
            El mayordomo del Concejo (secretario) era Juan Villarejo, que se encargaba de tener al día el Ayuntamiento (un local de 17 varas de frente o fachada y 4 varas de fondo: unos 70 metros cuadrados de planta), que lindaba con casa de Francisco Martínez Espinal, hijo; y con otra de Cristóbal Muñoz. En la misma plaza del Ayuntamiento estaban la carnicería y la fragua, en un espacio de 36 metros cuadrados (9 varas de frente x 4 varas de fondo). Juan Francisco Tirado era el mayordomo del pósito (almacén de grano).
            El alcalde de la nobleza, Francisco Martínez Espinal, gran terrateniente,  tenía tres casas en la villa de Miguel Esteban, en las calles de Santa Ana (dos) y del Toboso; más 79 tierras, 3 extensas viñas, una casa de campo y un molino de viento harinero, fuera de servicio posiblemente por viejo. No hay que olvidar el ganado lanar[11]. Una de las casas, la primera, en la calle de Santa Ana, tenía la friolera de 2.500 metros cuadrados aproximados de planta. La segunda casa, en la misma calle de Santa Ana, era más reducida: 500 metros cuadrados de planta. La tercera casa, en la calle del Toboso, era de 800 metros cuadrados (los datos, en medidas originales, están en varas castellanas).
El alcalde de Miguel Esteban, en esos años tenía además, 4 criados de labor, 9 mayorales, 9 zagales y 9 roperos: 31 personas trabajaban para el mayor terrateniente de la villa. Sus 79 tierras, de regadío o de sembradura y secano, de viñas, se traducían en más de 500 hectáreas –una cuerda agraria es igual a 12 celemines o una fanega. Y 12 celemines vienen a ser, aproximadamente, una hectárea–, más otras 11 hectáreas de viñas.
La autoridad eclesiástica máxima de Miguel Esteban, el gran terrateniente por el estado eclesiástico, por el clero católico, inmensamente rico y todopoderoso, era Cristóbal Muñoz Novillo, licenciado, presbítero (orden eclesiástica mayor), Comisario Inquisidor, propietario hasta del mesón de la villa, que lo tenía arrendado para ganarse otros pocos más reales de vellón. El gran terrateniente eclesiástico, Cristóbal Muñoz Novillo, tenía también la propiedad de tres molinos de viento en el Altillo de San Cristóbal. La segunda autoridad eclesiástica era Juan Muñoz Ortiz, cura teniente de la Parroquial, gran acaudalado: recibía anualmente del Ayuntamiento un sueldo de 1.460 reales de vellón y otros ingresos por la fábrica de la Iglesia (estaba exento de pagar impuestos).
La máxima autoridad civil comarcal era el Gobernador de Ocaña, que visitaba la villa cada tres años[12] para recaudar sus impuestos.
            Del Ayuntamiento, del Común, dependían la cárcel, el pósito (almacén de granos, de trigo, cebada, avena...), la carnicería y la fragua. No rendían grandes beneficios a la colectividad, aunque servían para pagar impuestos comunales. Disponían de una tienda, que hoy llamaríamos ultramarinos: aceite, pescado (suponemos que sazonado, del tipo bacalao o sardinas arenques), fruta seca y otros géneros comestibles que sirven al común. Parte de los beneficios obtenidos del alquiler de la tienda, se destinaban al pago de impuestos: alcábalas, cientos y millones. Tampoco  disponían de panaderías: en cada casa las mujeres elaboraban y cocían el pan.
 
             El Ayuntamiento estaba ubicado en la Plaza Capellanía. Se componía de un cuarto principal alto. La parte baja era la cárcel para la custodia de presos. En la misma plaza, en un lugar de medidas reducidas, estaban la carnicería y la fragua, que dependían del Común. El Ayuntamiento también era propietario de varias casas y el pósito. Mantenían, a expensas de los vecinos, a sus dos pobres de solemnidad “que libran su diario sustento en la piedad de quien les trata bien”, sin especificar identidad (Catastro. Respuesta número 36).
            Las propiedades del Ayuntamiento eran: una finca de 1.000 fanegas para pastos, el Monte de la Aldea, poblada de chaparros; una pieza de 190 fanegas en el Monte de las Cotillas o Monte el Cotillo, sembrado de bellota (encinas); los aprovechamientos de El Coto, rastro carnicero, que su suelo es de tierras propiedad de los vecinos de esta villa y la de El Toboso; y la renta (por alquiler) de la almotanería[13].
            El Ayuntamiento estaba obligado a pagar la limosna que se acostumbra a dar al Predicador de Pascua y al cura de la iglesia de esta villa, para las fiestas de Dominicas, cera de la Candelaria... y los salarios del alguacil mayor, del escribano y del papel sellado y blanco que gastaban, el mantenimiento de niños expósitos (si los hubiera), la sal consumida, el sueldo del médico titular, don Gabriel Bru, los pocos gastos que producían los pobres de solemnidad:
Al escribano del Ayuntamiento se le pagan 120 reales; al ministro de la Jurisdicción Ordinaria, 250 reales; a los predicadores de Adviento y Cuaresma, 180 reales; al gran Maestre, por el pedido llamado Yantal, se le satisfacen 70 reales y 20 maravedíes[14].
            El Concejo tenía también una serie de deudas o hipotecas, no muy elevadas, cuatro censos consignativos cargados sobre sus vecinos: “Uno cuyo principal es de 2.941 reales y 6 maravedíes, a favor del bachiller Ramón Ortiz, presbítero que fue de la villa de El Toboso. Y por él se satisfacen, en cada año, a don Agustín Arias Ortiz, también vecino de aquella villa, su proveedor, a razón de un 3 por ciento, 88 reales y 7 maravedíes” (respuesta nº 26).
            El segundo censo o préstamo “de quien también es proveedor el dicho don Agustín Arias, es su principal de 10.382 reales; y por él se le satisfacen, a razón del 3 por ciento, 111 reales y 15 maravedíes en cada un año, también impuesto con Facultad Real a efecto de redimir a otros dos correos que tenía, para evitar salarios de electores”.
            Los otros dos préstamos del Ayuntamiento, sin especificar las cantidades, estaban a favor de Gerónima de la Torre y Vela que, “de hoy de ambos, es poseedor el Convento de religiosas Franciscanas de la villa de Alcázar, en el que se nomina San Joseph, por ellos, y sus principales redimibles, les paga el Concejo, a razón de un 3 por ciento, 132 reales en cada un año, impuestos con Real Permiso y las cantidades de sus principales vinieron para asistir a su Majestad en las Guerras de Italia y para la compra de trigo, para el mantenimiento del pósito y pueblo”. De los cuatro censos o préstamos debían, por razón de quintos atrasados (una quinta parte de la deuda), 2.358 reales y 5 maravedíes “al expresado don Agustín Arias Ortiz”.
VIDA COTIDIANA.- La sociedad española, a mediados del XVIII, estaba muy estratificada, muy separada por clases o castas sociales: de la nobleza a los vasallos, con sus capas intermedias; sin olvidarnos de los clérigos, con sus altos dignatarios e inquisidores al servicio de la nobleza, controlando y explotando a los vasallos; de los mandos militares, también de la nobleza, con vasallos como soldados de obligada recluta para carne de cañón, para defender las tierras de sus amos; de los “burgueses”, agrupados en oficios; de los vasallos, mano de obra carente de propiedades o recursos…
Las diferencias eran mucho más acusadas y visibles en el medio rural que en el medio urbano. Los papeles de hombres y mujeres eran muy diferentes: dominaba el mayor machismo imaginable, separado por clases sociales: una mujer de la nobleza era mucho más importante que un hombre del estado seglar. Los modos de vida eran distintos para cada clase social.
            La vida cotidiana era la que era: los agricultores asalariados, trabajaban de sol a sol para sus amos; los nobles, con sus propios horarios y costumbres, controlaban gran parte de la producción: se beneficiaban del trabajo de los braceros; el clero, controlaba económicamente la otra parte de la producción y velaba por el sometimiento social, a través de la religión, y control de los vasallos. La sociedad estaba compartimentada en castas: nobles, hidalgos e hijosdalgos (nobles de segunda categoría), clérigos de mayor o menor rango, y vasallos. Un conjunto de poderosas familias, desde el siglo XIV, se repartían los poderes reales, instalándose en la nobleza, clero y ejército. Tenían todo en sus manos, impidiendo la modernización de España: sus privilegios les eran más importantes. Primaba más el interés de unos pocos frente a los intereses generales del país.
            Miguel Esteban era una villa agrícola, con su correspondiente ganadería lanar, propia de La Mancha. Se relacionaba económicamente con El Toboso y Alcázar de San Juan (los préstamos de los terratenientes procedían mayoritariamente de esas dos poblaciones). Y como la mayoría de los pueblos de la comarca, trataban de auto-abastecerse: producía cereales y legumbres, elaboraba vinos; tenían en el gorrino, animal imprescindible para el sustento, para las precarias economías familiares. Las ferias servían para abastecerse de cacharros de alfarería y cerámica y otros utensilios domésticos o de faenas agrícolas. También estaban los arrieros para transportar mercancías: trigo y vino a Madrid, a través del Camino Real Toledo-Valencia.
Las necesidades de los vecinos de proveerse de cacharrería para usos domésticos, se cubrían con piezas (cántaros y cántaras, tinajas de pequeño tamaño) que los feriantes llevaban desde La Mota del Cuervo[15], población próxima a Miguel Esteban, y Priego[16] (actualmente en la provincia de Cuenca). Las grandes piezas de bodega para contener mosto hasta que se transforma en vino, las tinajas de hasta 200 – 500 arrobas las adquirían en Villarrobledo (actual Albacete) o Colmenar de Oreja (actual Madrid).
            Los vecinos de Miguel Esteban no disponían de taberna alguna, donde surtirse de vino: se abastecían en las bodegas, de sus propias cosechas o de participaciones o comprando el vino a otros vecinos. Sólo tenían un mesón, propiedad del Comisario-inquisidor, Cristóbal Muñoz Novillo, que lo arrendaba por 400 reales año. El mesón debía ser el punto de salida y llegada de los arrieros, punto de encuentro: llevaban y traían noticias (al margen de las noticias que pudieran llevar los nobles al regreso de sus desplazamientos hacia Toledo, Belmonte, Ocaña, Madrid…).
            En Miguel Esteban, con sus castas sociales perfectamente delimitadas, el trabajo respondía a distintos parámetros: no trabajaban igual los curas y sacristanes, los nobles, el médico, el preceptor de Gramática, el barbero-sangrador, los arrieros, los artesanos (albañiles, tejedores de paño, zapateros…), los mayorales, los zagales… su función era otra, como sus horarios.
SUELDOS POR OFICIOS.- Ver y comparar los rendimientos anuales de los distintos oficios, nos sitúa ante una sociedad realmente pintoresca a nuestros ojos; y muy desigual y desequilibrada laboral y socialmente. Los dos oficios que mayor rendimiento económico reportaban eran los de médico y arriero o trajinante. El de estanquero, para vender tabaco, era por concesión: rendía 350 reales por año. Los de barbero y sangrador debían ser de gran utilidad: rendían 2.000 reales de vellón por año.
Resulta también penoso comprobar que el oficio de menor rendimiento económico era el de menestral de niños, o enseñante de niños en oficios mecánicos; por ser menestral la “persona que gana de comer en un oficio mecánico”: 200 reales por año. Indica la poca importancia que le daban a la enseñanza, en su concepto de educación. Hasta la mesonera tenía mejor sueldo, más del doble: 500 reales.
Los labradores ganaban poco más que la mitad del médico… Es de anotar que no está reseñado el oficio de aguador, cuando en las casas no disponían de agua potable. Las casas disponían de pozo, normalmente de agua salobre: no servía para el consumo humano o animal. Se utilizaba para fregar, para regar… El aljibe era un pozo alimentado con agua de lluvia desde los canalones del tejado. En la villa de Miguel Esteban no había fuente pública alguna o abrevadero, dentro del pueblo, donde abastecerse de agua potable.
En el catastro no está reseñado el oficio de aguardentero, posiblemente por su estacionalidad: “Una caldera de aguardiente, propia de Francisco Mora, la cual trabajando solamente en temporada de la vendimia, y en la casa que se queda en las tinajas al tiempo del trasiego. Su utilidad, bajo cómputo de un quinquenio regular por año, en 100 reales” (Respuesta 17. Último párrafo).
La tabla de sueldos, con sus rendimientos anuales nos informa de la distinta valoración que tenían unas y otras dedicaciones laborales:

Médico                                                                                                2.200 reales / año
Preceptor de Gramática                                                                  1.100 reales / año
Estanquero, barbero y sangrador                                                  2.350 reales / año
Escribano público                                                                                300 reales / año
Fiel de pesos                                                                                         300 reales / año
Sacristán mayor                                                                                    733 reales / año
Menestral de niños                                                                              200 reales / año
Tendero                                                                                                1.100 reales /año
Arriero                                                                                                 2.500 reales / año
Mesonera                                                                                               500 reales / año
Labradores de mayor y menor (4 reales / día)                           1.200 reales / año[17]
Ayudadores de labor de mulas (4 reales / día)                           1.200 reales / año
Herrero (6 reales / día)                                                                     1.800 reales / año
Albañil (5 reales / día)                                                                      1.500 reales / año
Tejedor de paño (5 reales / día)                                                     1.500 reales / año
Zapatero (5 reales /día)                                                                   1.500 reales / año
Pastor mayoral (3 reales /día)                                                        1.095 reales / año

La villa de Miguel Esteban tenía un conjunto de profesionales, más o menos cualificados, ocupados en los más diferentes menesteres y oficios. Obtenían unos rendimientos económicos, precisos y predeterminados:
            Gabriel Bru, médico titular, pagado por el Ayuntamiento. Cobraba al año 2.200 reales. ¿Atendía a los pobres de solemnidad?
Pedro Velasco, de 37 años, casado, con cuatro hijos. Era el preceptor de Gramática. Cobraba al año 1.100 reales (la mitad que el médico).
Tiburcio Morales, estanquero de tabaco, por menor; y barbero sangrador en casa de su padre. Por tal estanquero cobraba la cantidad de 350 reales; y por sangrador y barbero, 2.000 reales. En total ganaba más que el médico: 2.300 reales (Respuesta nº 32).
            Cristóbal Pérez, escribano público en otra villa, cobraba 300 reales; más 70 reales por ejercer de notario.
            Joseph García, como fiel de pesos del Ayuntamiento y notario cobraba 360 reales. El oficio de almotacén o inspector de abastos, hoy muy cotizado, no parecía muy valorado.
            Mathías Abad era el sacristán mayor: “es regulada su utilidad en 733 reales y 12 maravedíes”. El sacristán menor era Pedro Morales, de 31 años, casado. Tenía dos hijos.
            El maestro alarife o maestro albañil era Manuel Puente, hijo, de 41 años. Estaba casado y tenía dos hijos menores. Vivía en la calle del Pozo Nuevo, en una casa de 16 por 23 varas (unos 350 metros cuadrados de planta: una superficie media bastante adecuada para cuatro personas, o un matrimonio de con dos hijos). Sus “propiedades” se limitaban a una tierra de 3 celemines y una viña de una fanega (1.000 vides).
            Los tres maestros zapateros eran los hermanos Manuel y Sebastián Lozano y Francisco Serrano. Los Libros aportan muy pocos datos: Manuel Lozano tenía 40 años. Sebastián Lozano tenía 26 años y estaba casado. Francisco Serrano, de 36 años, estaba casado y tenía tres hijos menores.
            Aunque en distintos libros se indica que en Miguel Esteban no había panaderías, Manuel Ramírez está reseñado como panadero. Tenía 43 años y tres hijos. Vivía en la calle del Pozo Nuevo, en una casa de 4 varas de frente por 3 de fondo. Los molineros de harina eran Andrés de Cámaras y Cristóbal Luis Fernández Casero.
Tomás de Lara  era maestral de niños. Cobraba por su trabajo 220 reales al año… Hay que especificar que un maestral es una persona que vive del ejercicio de un oficio mecánico. El “maestral de niños” sería la persona que enseña algún oficio mecánico a los niños.
            Pedro de Lara era el tendero de especias, fruta seca, aceite, pescado y demás comestibles para uso humano: tiene de utilidad y le regulan, en cada un año, como a tal tendero por su agencia y trabajo, y satisfecha la cantidad que da por el arrendamiento de la tienda, 1.100 reales (respuesta nº 32).
            Joseph Taravillo era el trajinante principal, arriero de conducir vino. Tenía 5 borricos y 2 machos. Su oficio era mucho más rentable que el de médico. Su utilidad mínima anual estaba establecida en 2.500 reales. Juan de Esquinas era el segundo de los tres arrieros. Disponía de dos caballerías menores (borricos). Se dedicaba a la cerámica y al esparto. Tenían regulada su utilidad mínima anual en 400 reales. Vicente González, de 36 años, casado, era el tercer arriero.
            Ana Sáez era la mesonera. Obtenía una utilidad anual de 500 reales. El mesón era propiedad del comisario inquisidor: “el cual arrendado en cada un año consideran le vale, con la utilidad del estiércol, 400 reales de vellón” (respuesta nº 29 del Interrogatorio).
            La carretería donde fabricaban los imprescindibles carros, estaba a cargo de Juan Jiménez de Pablo, de 25 años, casado. Tenía una hija de 4 años y vivía en la calle del Pozo Nuevo, de reducidas dimensiones: 14 varas de frente por 12 varas de fondo (168 metros cuadrados de planta).
EL MESÓN.- En Miguel Esteban mandaban: el alcalde de la nobleza, Francisco Martínez Espinal, gran terrateniente, junto con su hijo del mismo nombre, también noble; el comisario inquisidor, Cristóbal Muñoz Novillo, también terrateniente, posiblemente acompañado de sus ayudantes en el Santo Oficio; el teniente cura-párroco, Juan Muñoz Ortiz; el resto de nobles, con posesiones, Pedro Miguel Luján, Fernando Contreras, los Garay; y los grandes terratenientes del estado seglar. Lo normal es que se reunieran en el mesón, un sorprendente local alargado: Su vivienda baja, a suelo cuadrado y sola teja, tiene de frente 4 varas. De fondo 34 varas. La habita. Se reguló su alquiler en 300 reales. Linda por todas partes con otra (vivienda) de Alphonso…[18].
El mesón de Miguel Esteban, estaba atendido por Ana Sáez, viuda de Juan Rodríguez, con un hijo de 20 años, ausente[19], propietaria de un jumento, que cobraba por su trabajo 500 reales al año. El mesón era un lugar estratégico. Los que podían traer noticias a Miguel Esteban eran los arrieros de la localidad y los de paso hacia Campo de Criptana o Quintanar, hacia El Toboso, Pedro Muñoz o La Puebla de Almoradiel… y los terratenientes, cuando regresaban a la villa tras sus desplazamientos por negocios (incluido la petición de préstamos) y otros asuntos a Madrid, Toledo, Belmonte, Ocaña, Alcázar de San Juan… En el mesón, situado en la calle Real, no muy lejos del Ayuntamiento, podían contrastar informaciones sobre cualquier suceso que les afectara social o políticamente.
LA PROPIEDAD DE LOS MOLINOS.- En Miguel Esteban hubo hasta cinco molinos de viento, situados en las proximidades de la villa, junto al camino que llevaba a La Puebla de Almoradiel. Dos de los molinos eran propiedad de Cristóbal Muñoz Novillo, comisario-inquisidor, gran terrateniente de la zona. Uno de sus ingenios “Tiene de fondo 6 varas[20], altitud 7. Linda con eras del otro y eras de doña María Muñoz y quiñón de la iglesia. Se reguló su producto anual en cinco ducados[21].
En el Catastro se puede leer: “A esta pregunta (número 17) respondieron que en el Término de la villa se hallan situados 4 molinos harineros de viento, corrientes, uno de agua y una cuarta parte de otro (molino) [...] Tres de los otros (molinos) de viento, de don Cristóbal Muñoz Novillo, presbítero, Comisario del Santo Oficio, los dos situados en el Altillo de San Cristóbal, a distancia de 400 pasos, y el uno a la mano derecha, como se va por el Camino de la Puebla de Almoradiel, y a la misma distancia de la población que los antecedentes. Otro (molino) de don Pedro Garay Villaseñor, situado en el mismo Altillo de San Cristóbal y con la misma distancia. Y cada uno de los cuatro regulan merece en arrendamiento y utiliza a su dueño en cada un año, 20 fanegas de trigo [...] Una cuarta parte de otro (molino), propia de Juan Francisco López Villaseñor, y las otras tres partes son de la marquesa de Lugo, vecina de Granada, y de Alphonso Novillo Casas, vecino de La Puebla de Almoradiel”[22].
Otro de los molinos era de Francisco Martínez Espinal, alcalde de la villa por la nobleza, gran terrateniente: “Un molino de viento harinero, en el sitio de la ermita de Santa Ana, dista de la villa 30 pasos, en que por hallarse no corriente al presente, no se le reguló cosa alguna”. Los otros dos molinos eran propiedad de Alphonso Muñoz y Pedro Garay (también de la nobleza). El molino del alcalde tenía 24 varas de circunferencia y 4 varas de alto (unos tres metros de altura, más el cono o tejado de la tercera planta: quizá sólo tuviera dos plantas). Era un molino bajo, en relación con los otros: 6 varas de fondo y 7 de altura.

DE MELLADO AL DICCIONARIO DE MADOZ
El artículo más antiguo sobre Miguel Esteban, de mediados del siglo XIX, está en el volumen España geográfica, histórica, estadística y pintoresca, de Francisco de Paula Mellado (Editorial Mellado. Madrid, 1845), obra de 949 páginas numeradas, más 11 láminas y 1 gran mapa plegado. Se incluye Miguel Esteban, como Miguelestéban, bajo la jurisdicción de Quintanar. El texto dice:
“QUINTANAR DE LA ORDEN: Villa situada a 14 leguas de Toledo, en terreno llano en el Camino Real de Madrid a Valencia. Es de moderna fundación. Tiene un sitio de recreo llamado El Baño[23], en donde hay uno bueno y capaz destinado para caballerías. Consta de 1.419 vecinos y 5.974 habitantes. Pertenece a la diócesis de Toledo en el priorato de Uclés y al partido judicial de su nombre, que es de ascenso, y comprende los nueve pueblos de Cabezamesada, Corral de Almaguer, Miguelestéban, Puebla de Almoradiel, Puebla de don Fadrique, Quero, Quintanar de la Orden, Toboso y Villanueva de Alcardete. Tiene administración de tabacos, una parroquia, un pósito y un hospital[24]. En la quinta de 1844 entraron en suerte 260 jóvenes de 18 a 24 años. Pagó de contribución 43.289 reales y cosecha al año común 17.000 fanegas de granos y legumbres, 11.000 arrobas de vino, 400 libras de azafrán y 400 arrobas de aceite, que con los frutos menores producen 652.000 reales. Hay fábricas de jabón, colchas y cobertores de lana, tintes, batanes y granjería de ganado lanar y arriería”.


 El Diccionario geográfico-estadístico de España y provincias de ultramar de Pascual Madoz, importante obra publicada en 1848, aporta datos interesantes: “Villa con ayuntamiento en la provincia de Toledo (14 leg), partido judicial del Quintanar de la Orden (1), diócesis de Uclés (7), audiencia territorial de Madrid (18), c. g. de Castilla la Nueva, situado en una llanura algo elevada con relación a sus inmediaciones; es de clima templado, reinan los vientos Este y Oeste, y se padecen tercianas[25]: tiene 400 casas, todas de piso bajo y mal distribuidas. La del Ayuntamiento, que es el mejor edificio del pueblo, en el cual se encuentra el reloj de la villa, (está la) cárcel; escuela de niños dotada con 1.800 reales de los fondos públicos y asisten 60 (niños); otra de niñas, privada en la que se educan de 20 a 30 (niñas). Iglesia parroquial dedicada a San Andrés, con curato[26] de ascenso y provisión de S. M. a propuesta del Tribunal Especial de las Órdenes Militares, como perteneciente a la de Santiago: a su inmediación al Este se conserva un arco llamado el Torreón de fábrica antiquísima, y en las afueras 2 ermitas arruinadas, denominadas de Santa Ana y San Sebastián. Se surte de aguas de pozo generalmente salobres y poco gratas. Y al pie de la población se forma un arroyo de acogida que sirve de abrevadero.
            Confina el término al Norte con el de La Puebla de Almoradiel y Quintanar; Este, con El Toboso; Sur, con Pedro Muñoz, Campo de Criptana y Alcázar de San Juan (Ciudad Real); Oeste, Quero, a distancias de 1 a 2 leguas y comprende el casón llamado Villaviciosa o del Arroyo, el cual se compone de 100 huertas con sus casas a 1 legua de la villa[27], forma una verdadera aldea; otras huertas esparcidas en diferentes puntos, la que fue Encomienda de Miravel, vendida por la Nación (¿Estado, Gobierno?), cuyo terreno aunque corto, era monte y hoy está reducido a tierra labrantía; otro monte también pequeño que se llama Monte de la Aldea, sin mateado[28] alguno desde la guerra de la Independencia, el cual está distribuido para labor al vecindario, satisfaciendo un canon a los propios, a cuyos fondos pertenecía; y otro también despoblado, llamado El Cotillo.
            El terreno es llano, de muy buena calidad y todo de secano. Los caminos vecinales, en estado regular. El correo se recibe en Belmonte por balijero[29] 3 veces a la semana. PRODUCCIÓN: trigo, cebada, centeno, escaña[30], avena, garbanzos, titos, barrilla[31], vino y hortalizas, todo con abundancia. Se mantiene el ganado lanar fino y el mular de las labores, y se cría caza menor.
INDUSTRIA Y COMERCIO.- 4 telares de paños del país; 4 molinos de viento; se extraen (exportan o venden) granos y vinos a los pueblos inmediatos y a Madrid. Población oficial: 262 vecinos, 1.310 almas; pero nuestros datos particulares (no especificados, ni las fuentes: las razones de hinchar artificialmente la población debían ser otras) señalan 480 vecinos, 2.200 almas. CAP. PROD.: 880.000 reales. IMP.: 36.200. CONTR., según el cálculo oficial de la provincia 74,48 por ciento. Presupuesto municipal: 16.703 del que se pagan 2.200 al secretario por su dotación y se cubre con productos de los pastos, fincas de propios y repartimiento vecinal.
            Quieren algunos que este pueblo sea la antigua Alcés; pero nosotros, con mejores datos[32], hemos sentado la correspondencia de esta ciudad en Alcázar de San Juan”.
            El artículo de la Enciclopedia Madoz aporta información desconocida, que implica cambios importantes: en unos primeros “momentos” el pueblo de Miguel Esteban depende de la diócesis de Uclés y de Belmonte[33], desde donde les llevan el Correo. Abunda esa dependencia conquense con el hecho contrastado de la utilización de alfarería y cerámica de Mota del Cuervo (cántaros y tinajas, para el trasiego y almacenamiento de agua) y Priego (hay aguardenteras encontradas al hacer obras de remodelación de las casas).
            En el artículo de Madoz se citan lugares próximos al pueblo, que son desconocidos incluso para bastantes migueletes. Hay que especificar, además, que indican hasta 100 huertas con sus casas, en el Casón de Villaviciosa, a una legua de distancia (5,572 kilómetros), sin señalar en qué dirección. Los lugares son:
                        – Casón de Villaviciosa o Casón del Arroyo.
                        – Encomienda de Mirabel
                        – Monte de la Aldea
                        – Monte el Cotillo.
            En cartografía actual, del Servicio Geográfico del Ejército, escala 1:50.000, aparece el Casón de Villaviciosa, en un área formada entre las carreteras que llevan a Quero y Alcázar de San Juan, en lo que sería el Suroeste. En la hoja cartográfica número 688 se advierten un nutrido grupo de señales que indican la presencia de casas agrupadas y pozos: coincide, más o menos, con el número de casas que se citan en el Madoz. Desde esa zona, hay dos caminos vecinales que conducen a Miguel Esteban, uno de ellos con el nombre del Camino del Villar del Moro, que enlaza con Camino del Pozo. En la misma hoja aparece también un lugar con el nombre de Pozo Mirabel: se llega siguiendo un camino vecinal, antes de llegar al Cementerio Municipal. Es de suponer que cerca estaba la llamada Encomienda de Mirabel.




[1] ¿No será la Alces o Alcés que tanto citan los obsesionados historiadores locales?
[2] Medio cuarto de legua equivale a 696,5 metros (1 legua son 5.572 metros. ½ legua son 2.786 metros. ¼ de legua son 1.393 metros y ½ cuarto de legua son 696,5 metros).
[3] En la ficha nº 136 de Libro Maestro, correspondiente a Agustín Phelipe, mayor (padre), se relaciona: “Otra pieza de 10 celemines en el sitio éjidos (egidos) extramuros de esta población”.
[4] Hay pueblos, como Yepes, también en La Mancha, que conserva una buena parte de su estructura defensiva, una gran parte de su muralla. Incluso en El Toboso hay restos de su muralla.
[5] Reseñado en las entradas o asientos números 1 al 40. En el número 41 los escribanos a son más explícitos. Añaden: “Patio, cueva, caballeriza, pajar...”. Los elementos más comunes de las casas.
[6] Es sorprendente no ver registrado el oficio de aguador. Las casas disponían de pozo, aunque su agua normalmente no era potable. Esa agua se destinaba a otros usos.
[7] Ficha o asiento número 81: “... con patio y un cuarto jaraíz”. Sorprende además que su propietario, Francisco Mathías Abad, sólo sea propietario de una viña de una fanega y un celemín, con 1.100 vides. Un jaraíz para tan poca uva nos hace pensar que lo destinara para dar servicio a otros vinicultores.
[8] Entrada número 56. Casa de Victoriano Fernández de Mora, en su casa de la Plaza (del Ayuntamiento). También tiene bodega Cristóbal Pérez (entrada o ficha número 62. Libro Maestro, volumen 1)
[9] “El 95 por ciento de los lugares averiguados eran pequeñas villas o aldeas, con un centenar o menos de vecinos...” Concepción Camarero Bullón. Art. “Averiguarlo todo de todos....” Revista de Estudios Geográficos. Nº 248-249. Página 514.
[10] Para calcular la población de aquella época, hay que multiplicar el número de cabezas de casa por 3,8. La cifra que obtenemos en Miguel Esteban nos da 866 habitantes. Creemos que existía más población, al no registrarse en el Catastro los braceros que nada poseían.
[11] Todos los datos, pormenorizados, están registrados en el Libro Maestro y en el Libro del Personal y Vecindario, del Catastro de Ensenada, conservado en el A. H. Provincial de Toledo. Las signaturas son H-391, H-392 y H-393. Las posesiones del clero se detallan en el libro con la signatura H-1793.
[12] Según consta y se puede leer en la respuesta número 25 del Interrogatorio del Catastro.
[13] Almotacén: funcionario encargado de contrastar las pesas y medidas. Está claro que el cargo se compraba temporalmente.
[14] Datos sacados de la Respuesta número 25 del Interrogatorio del Catastro de Ensenada.
[15] Es curioso: no se conocen botijos típicos de esta población, aunque se han utilizado siempre. Es un dato a investigar.
[16] Toda la cerámica antigua que se ha conservado en las casas, o han aparecido en obras de remodelación, son de esas dos poblaciones conquenses.
[17] El cálculo lo hacemos sobre 300 días al año. Suponemos, para labradores, ayudantes de labor de mulas, albañiles, herreros, zapateros... que los domingos y determinadas fiestas locales no trabajaban. Los pastores serían un caso aparte.
[18] Entrada o asiento número 202 del Libro del Personal y Vezindario de la villa de Miguel Esteban, perteneciente del Estado secular. Provincia de La Mancha.
[19] En el Libro del Vecindario no aportan más datos: sólo reseñan “ausente”. No sabemos si se debía a emigración, ejército, cárcel…
[20] La vara castellana equivalía a 83,59 centímetros.
[21] Del Catastro de Ensenada, que se hizo en Miguel Esteban en 1752. Del Quaderno y medición y reconocimiento de casas y artefactos. Originales conservados en el Archivo Histórico Provincial de Toledo. Signaturas H-391 y H-393.
[22] Respuesta literal, actualizada. Libro con la signatura H-391, conservado en el Archivo Histórico Provincial de Toledo.
[23] No localizado. Es el único autor que lo cita.
[24] Está claro que el autor ha utilizado fuentes antiguas, posiblemente las Relaciones Topográficas. Pero no ha hecho el esfuerzo de actualizarlas.
[25] Del latín tertiána. Calentura, fiebre intermitente que repite al tercer día.
[26] Territorio que está bajo la jurisdicción espiritual del cura párroco.
[27] No especifica dónde, ni en qué dirección. Hay que suponer que entre las carreteras de Quero y Alcázar de San Juan, en un área al suroeste. Quintanar y El Toboso están a una legua.
[28] Matear: sembrar las simientes o plantar las matas a cierta distancia unas de otras. En este caso, sembrado.
[29] Literal: suponemos que se debe interpretar como transportado en sacas.
[30] También escanda. Planta gramínea, llamada también escaña (triticum spelta). Es semejante al trigo, pero de paja dura y corta, grano muy unido al cascabillo.
[31] Planta salsonácea, ramosa, empinada, con tallos lampiños, hojas blanquecinas y puntiagudas pero no espinosas y flores de color verduzco. Crece en terrenos salados. Sus cenizas son muy ricas en carbonato sódico. Se utiliza para fabricar sosa cáustica.
[32] No los aportan. Hay que suponer, por tanto, que son pura invención.
[33] Está más alejado de Madrid que Miguel Esteban. Se localiza al noreste de Mota del Cuervo, a unos 40 kilómetros de Miguel Esteban.